Cuando todo lo planeado pareciera tener vida propia y decidir no cumplirse, deja de ser importante el dónde y el cómo a favor del con quién. Algo así sucedió anoche. Hasta en dos ocasiones tuvimos que cambiar de planes y zona. Son esos momentos en los que confirmas que lo bueno está en la compañía, por encima de cualquier plan.
Es entonces cuando la decisión de adónde ir pasa a segundo plano, porque sabes que vayas dónde vayas la noche quedará más que salvada si unes amistad y buen humor. Dos de los ingredientes más interesantes ante multas indignantes, dolores de pies y angustias varias. La amistad y el buen humor pueden hacer que una noche extraña e indefinible se transforme en una de tantas otras en las que el sábado, aquel día que se encuentra entre el viernes y el domingo, vuelve a cumplir su cometido: regresar a casa de lo más reída. Qué más se puede pedir? ... Pues tengo una idea! Qué dure muchos años!
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domingo, 30 de enero de 2011
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