Sin lugar a dudas, lo mejor de Santorini fue ser testigo de su puesta de sol. Observar como despierta el astro rey desde la arena de la playa con la banda sonora de las olas del mar, es .... amazing.
La última noche en la isla más romántica del Mediterráneo no podía haber sido mejor.
Apenas nos alojamos una noche en el hotel más blanco que he conocido nunca. La otra, me refiero a la otra noche, la estiré cuanto pude, casi tanto como me gustaría estirar este mes de agosto. Algo en mi me decía que era la noche correcta para vivirla instante a instante, sin perderme nada de quien me sugirió no marcharme de Santorini sin ver su puesta de sol. Ese es el turismo que me gusta en verano, aquel que me recomienda quien reside en el lugar, al que incluso me acompaña, aunque haya que esperar al amanecer. Porque ese turismo es el que no se olvida, el que se recuerda de por vida, sin que haga falta una imagen digital para describir el momento vivido. Porque se encuentra en el cerebro, a modo de fotograma, incrustado en la mente, y es que seguramente quedará como el mejor momento del verano. A la mañana siguiente, un nuevo ferry nos trasladó al lugar en el que acabaría nuestro viaje anual: Atenas. A duras penas, me encontraba de nuevo en la capital de Grecia, tocada, mental y físicamente. The end
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sábado, 20 de agosto de 2011
Mykonos
Muy temprano, demasiado temprano nos trasladó el ferry a nuestra segunda parada: Mykonos. Y es que no se podía perder el tiempo con lo que allí nos esperaba: el Paradise. Una playa donde tal y como definió Marise, el exhibicionismo es el auténtico protagonista. Cuerpos esculturales, machacados en el gym pero con ese punto de glamour que tiene todo el que sabe a quien gusta y para qué gusta.
Si el día en Mykonos es apasionante la noche es sinceramente, perversa. Los mismos cuerpos adonis lucen sus mejores galas envueltos en pantalones a medida y camisas que traslucen lo suficiente como para desear poseerlo. La música altísima hace que la única conversación permitida sea la del contacto. Cualquier parte del cuerpo humano es venerada, siempre y cuando no solo se encuentre en su sitio sino que además sepa la lengua universal: el erotismo.
En Mykonos no se puede permanecer tan poco tiempo como estuvimos nosotras. Mykonos necesita de una semana al completo. Sus noches locas lo piden a gritos. Seguro que Yul me entiende y quien sabe, quizá ella tenga la oportunidad de convertirlo en realidad, algún día. Continuará
Si el día en Mykonos es apasionante la noche es sinceramente, perversa. Los mismos cuerpos adonis lucen sus mejores galas envueltos en pantalones a medida y camisas que traslucen lo suficiente como para desear poseerlo. La música altísima hace que la única conversación permitida sea la del contacto. Cualquier parte del cuerpo humano es venerada, siempre y cuando no solo se encuentre en su sitio sino que además sepa la lengua universal: el erotismo.
En Mykonos no se puede permanecer tan poco tiempo como estuvimos nosotras. Mykonos necesita de una semana al completo. Sus noches locas lo piden a gritos. Seguro que Yul me entiende y quien sabe, quizá ella tenga la oportunidad de convertirlo en realidad, algún día. Continuará
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