Es mi segundo fin de semana tranquilo. Los 35 me han hecho sopesar la importancia de barajar otras opciones (priorizar la tarde y las primeras horas de la madrugada) y disfrutar del placer de utilizar las horas más golfas de la manera menos golfa posible. Experimentar quien soy en aquellas horas del fin de semana en las que en muy pocas ocasiones se me podía pillar en la calle. El ambiente convertido en conversación, el aire libre transformado en local, la entrada de la noche en el día como escenario común para treintañeros cansados de la vida social nocturna, aunque nunca hartos, porque el hartazgo significa frustración y la mayoría de las veces, esta es plenamente individual.
Así transcurren las horas del último fin de semana de este verano 2011. Con el otoño a la vuelta de la esquina, pareciera que ningún momento fuera mejor que este para preparar el espíritu a lo que viene: la desnudez paulatina de los árboles, el llanto leve del cielo y la niebla más gris de las madrugadas eternas. Aprovechemos, entonces, las últimas horas de luz y acostumbremos nuestros cuerpos al tedio de las primeras de la noche, pero no la noche perversa propia del verano sino la romántica propia del otoño. Vamos pues.
Mostrando entradas con la etiqueta 35. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta 35. Mostrar todas las entradas
sábado, 17 de septiembre de 2011
domingo, 4 de septiembre de 2011
35
El final del verano siempre culmina con la celebración de mi cumple. Esta vez en viernes en lugar del tradicional sábado. Un año más o un año menos, según se mire.
En esta ocasión, me gusta la cifra, redonda e impar, casi no puedo pedir más. A lo mejor sí, a lo mejor como ha sido mi cumpleaños tengo derecho a solicitar algún que otro deseo. Debería cumplirse, porque incluso he cerrado los ojos y lo he pedido con todas mis fuerzas. Prometo contarlo si así sucede.
Mientras tanto habrá que hacerse a la idea del nuevo dígito, del año venidero, de las oportunidades que llegarán y las que aprovecharé, de los disgustos o malostragos que no me quedará más remedio que asumir, de lo que me dejará indiferente y de aquello que me marcará de por vida. Pero todo eso, ya llegará. Ahora tengo el buen sabor de boca de mi 35 celebración, un estupendísimo encuentro con las mías, las de siempre, las que más me conocen y sobre todo, más me aguantan. Estuvieron todas, una de ellas, por teléfono, pero estuvo. Firmo por otros 35 cumples idénticos.
En esta ocasión, me gusta la cifra, redonda e impar, casi no puedo pedir más. A lo mejor sí, a lo mejor como ha sido mi cumpleaños tengo derecho a solicitar algún que otro deseo. Debería cumplirse, porque incluso he cerrado los ojos y lo he pedido con todas mis fuerzas. Prometo contarlo si así sucede.
Mientras tanto habrá que hacerse a la idea del nuevo dígito, del año venidero, de las oportunidades que llegarán y las que aprovecharé, de los disgustos o malostragos que no me quedará más remedio que asumir, de lo que me dejará indiferente y de aquello que me marcará de por vida. Pero todo eso, ya llegará. Ahora tengo el buen sabor de boca de mi 35 celebración, un estupendísimo encuentro con las mías, las de siempre, las que más me conocen y sobre todo, más me aguantan. Estuvieron todas, una de ellas, por teléfono, pero estuvo. Firmo por otros 35 cumples idénticos.
Etiquetas:
35,
celebraciones,
cumpleaños,
deseo,
verano
Suscribirse a:
Entradas (Atom)