Hoy es uno de esos días en los que te arrepientes de mirar hacia atrás. Es el día incorrecto, por muchos motivos y por pocos alicientes.
He comenzado el día preguntándome por qué hasta ahora he elegido la senda difícil cuando he tenido la oportunidad de hacerlo. Qué es lo que tengo que demostrar, y lo más importante, a quién.
Por qué cuando ha habido en mi existencia una bifurcación, he tomado la que tenía más cuestas empedradas. Por qué en un principio he creído estar en la decisión correcta y hoy me surge el interrogante sobre mi posible error.
A lo mejor, tocaba hoy examen de conciencia. Justo el día incorrecto, cuando menos me conviene sacar conclusiones.
Si fuera así, pido entonces, que la próxima vez me avisen con tiempo suficiente para urdir una falsificación de justificante de mis padres y de este modo, poder posponer la cita con mi conciencia para otro día mejor, un día que no sea como el de hoy... incorrecto.
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domingo, 29 de enero de 2012
domingo, 20 de diciembre de 2009
Nemi
Mientras Yul y yo esperábamos a Marty para ir al sitio dónde si las paredes hablasen, me llamó Nemi. Estaba sonriendo y se la notaba. Me encanta cuando puedo escuchar a través del teléfono su sonrisa porque significa que por un momento, pierde de vista a la amiga con la que convive desde hace tiempo y que a todos nos visita de vez en cuando: la tristeza. Su pecado coincide con el mío: querer a quién se niega a quererte. Este es un error que compartimos las dos desde hace más de cuatro años. Los errores por su tosquedad atragantan, se quedan entre pecho y espalda y revientan una y otra vez cuando menos lo esperas pero más lo necesitas. Al no ser digeridos, los vomitas en forma de lágrimas y es entonces cuando dejas entreabierta la puerta del alma y se cuela la amiga de la que antes hablé. Ambas no entramos en los cánones propuestos por lo tradicional y somos más de aquello que tan bien relata Sabina en su Contigo. Por esto, yo a Nemi la digo que este tipo de producto que tanto nos vuelve locas siempre lleva un impuesto en la solapa y que irremediablemente hay que pagar. Yo estoy más que segura que Nemi saldrá de esto, que no se la tiene que olvidar cuánto dice con sus ojos, cuánto habla con su ternura y cuánto es capaz de entregar cuando quiere de verdad. A veces, Nemi, simplemente es cuestión de cambiar una letra en una palabra, como la que también señala Sabina en su Embustera: la (m)uerte es solo la (s)uerte con una letra cambiada. Así de fácil.
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