domingo, 26 de julio de 2009

Encuentros

Las noches de los sábados de verano son realmente originales. Conforme avanza el mes de julio, aumenta el espacio en Madrid ya que muchos abandonan la capital en busca de sol y playa. En la ciudad quedamos cada vez menos, lo que parece que facilita el encuentro entre los pocos que quedamos y no siempre bien avenidos.
Marise salía también anoche con nosotras y por eso decidimos enseñarle el lugar del que tanto le hablamos durante el invierno y que se encuentra frente a Retiro. Despues de la primera copa pusimos pie en la calle y ahí empezó lo bueno... Como si de una pesadilla repetitiva se tratase me vi en la fila del sitio donde si las paredes hablasen. Dos minutos escasos después, Marise me avisa que acaba de incorporarse a la fila el mismisimo gaditano. Horror! Siempre lo mismo, en el mismo sitio, a cualquier hora. Tras mi cabreo, decido dar la cara, levantar la cabeza y entrar en el garito. No acaba la historia en este momento, ya que otra vez Marise es quien me advierte que cerca del aire acondicionado se encuentra el tipo de los rizos. No puede ser! Dios los cría... y el sitio donde si las paredes hablasen, los juntan. Otra vez en la calle, surge la ocasión de pasarnos por una de las terrazas más de moda de la capital, allá por Fortuny. Los ojos como platos se nos quedaron a Yul, Marise y a mí misma al ver tanta niña mona, señorito andaluz y guiri desfasados. Sin embargo, las películas de humor nunca acaban tan sosas y aún quedaba la puntilla: a la salida, encontré a uno de los mejores amigos de mi ex (el único reconocido), que a su vez tuvo algo en una noche del 2006 con Yul. Tras los nerviosos saludos típicos de un encuentro tan poco probable y que sucede más o menos cada dos o tres años, decidimos guardar las armas y volver a casa. Menos mal que acababa todo.

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