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domingo, 12 de febrero de 2012

Frío

Esta vez el frío ha venido mucho despues de lo que se le esperaba. Debe ser por eso por lo que los cuerpos se resienten y los caracteres se agrían. Lo inesperado siempre causa estupor. Y eso es lo que nos ha causado este horrible frío.
Cualquier hora es mala para decidir enfrentarse a él porque te recibe fresco como si del congelador de tu nevera se tratara. Pero, como en todo, lo peor es doblegarse, rendirse ante él no tiene sentido, sin por lo menos haber luchado.
Por eso ayer tres valientes (Marise, Beck y una servidora) volvimos a las calles nocturnas de este Madrid gélido. Nada mejor para entrar en calor que la carcajada continua provocada por el esto es lo que hay. La risa entre amigas es para mi como el antídoto imprescindible para enfrentarme no solo a este frío invierno sino también a una nueva semana, llena, seguro, de tensos momentos.
Sucede con el salir a dar una vuelta el fin de semana como con los bebés cuyas madres prefieren observarles dormir a despertarles porque les toca comer. Sucede que en estos casos, dicen, el sueño les alimenta más... De mayor, es el salir a dar una vuelta, precisamente, lo que alimenta más, mucho más.

sábado, 7 de enero de 2012

Propósitos

De vuelta. Tras la ausencia navideña. De vuelta. En un nuevo año. De vuelta. Con un propósito en la mente y otro en el corazón. Veremos cual de ellos se cumple primero. Veremos si realmente alguno de ellos se cumple.
Para los felices, la Navidad es lo más. Para mi, la navidad es tal y como la escribo, en minúscula. Me alegra haberla sobrevivido sin otro problema que el de que pasaran los días festivos lo antes posible y que de nuevo la rutina se instalara en las almas inquietas. Como preferir, prefiero el fin de semana sin más. Las grandes cosas de mi vida llegaron en fines de semana simples, casi siempre invernales, en lugares tópicos, sin extridencias, muy poco a poco.
Nunca me pasó nada especial en Nochevieja ni tampoco en Reyes. Sin embargo, los meses sin sal, los que poco dicen al resto del mundo, como febrero o marzo me trajeron presentes inolvidables aunque en breve se convirtieran en pasados desgarradores.
Debe ser que por eso me vengo arriba cuando pasan fiestas como la navidad, así, en minúscula. Debe ser que por eso me hago propósitos, aunque sean difíciles de cumplir, porque no solo dependen de mi, sino de otro y de sus circunstancias.

sábado, 8 de octubre de 2011

Magia

Me salté un finde muy marchoso, con visita a la zona sur de Madrid incluida, y fiesta dominguera maravillosa...
Después llegaba una semana cargadita de incoherencias, muchas de ellas, puestas en evidencia. Nada que no pueda resolver la irrupción de un nuevo finde, estrenado por todo lo alto en la noche de ayer. Una noche con mucha magia, de la que fuimos protagonistas absolutas, Nemi y yo. Haciendo honor a la verdad, yo no dejé de servir de público asombrado mientras ella ascendió rápidamente a la categoría de varita mágica!!! Grande, muy grande, la verdad.
Mientras tanto, no podía creer que pudiera estar en un lugar con tanta camiseta y zapatilla por metro cuadrado. Claro está que disfruté de lo lindo de la musikita que acompaña estos ambientes de los que hace ya mucho tiempo me he declarado auténtica fan.
De la noche del primer viernes de octubre me llevé compañía 2.0: un blog mágico y un nuevo amigo para mi red social virtual. Todo ello con el aderezo conveniente de la música en directo.

domingo, 27 de diciembre de 2009

Kioskero

No conozco su nombre ni él el mío. Nuestra conversación habitual se reduce a no más de dos frases y su contexto temporal es el fin de semana. Tan solo una vez se prolongó algo más y fue seguramente porque se moría de curiosidad:
Me preguntó -" Oye, ¿Por qué compras cada día un periódico distinto?"
Le respondí sonriendo -"Porque tengo una asignatura pendiente en mi vida y es la fidelidad".
También sonriendo, él continuó: -"No lo creo, porque llevas dos años viniendo a este kiosko todos los fines de semana".
Concluí: -"Ya. Lo que no sabes es a dónde voy el resto de los días".
Después, todo ha vuelto a ser normal... Como si fuera una máquina expendedora, mi kioskero favorito, me comunica el precio y me completa el diario de turno con los suplementos adicionales. Nada de romántico tiene de por sí un encuentro tan aséptico como el que llevamos desarrollando, él dentro y yo fuera, de su diminuto espacio laboral ya casi dos años. Sin embargo, me he acostumbrado a tenerlo frente a mi casa, a observar cómo coloca la prensa del día y de qué manera tan rutinaria espera venderla a sus clientes habituales. Y me ilusiono... pensando que me echará de menos cuando por cualquier circunstancia ajena a mis intenciones, no lo visite.

P.D. Sin querer, sin prácticamente enterarme, esta es la entrada 50. El último post del año se corresponde con esta mitad del todo. Habrá que celebrarlo, no?