Hay un sitio nuevo, al que solemos ir frecuentemente desde finales de verano. No está mal, siempre y cuando no haya demasiada gente, como anoche. Es un espacio esperanzador para mi. Donde me siento confortable porque los y las de mi alrededor son tan poco jóvenes como ya lo voy siendo yo.
Lo contrario, estar en un lugar donde los y las de mi alrededor son más jóvenes, mucho más jóvenes que yo, me agobia. No puedo controlarlo. Es como si algo se introdujera en mi cabeza sin mi permiso y me dijera en mi cara que todos y todas las de mi alrededor tendrán más oportunidades de las que a mi me quedan. Y eso me... asfixia.
Ante esa desazón, lo único que me permite volver a respirar es salir al día siguiente por un sitio como el de ayer... esperanzador.
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domingo, 10 de febrero de 2013
domingo, 17 de julio de 2011
Oxígeno
Este mes de julio me está asfixiando. Y no me refiero al calor. Necesito un poco de oxígeno. El suficiente como para continuar la andadura hasta mi meta personal: agosto. Cada día es como un peldaño en una cumbre vertical. Parar el fin de semana, no me está sirviendo. No me da el oxígeno necesario para continuar el ascenso. Y claro, sin este, comenzar la semana se hace más torturador que en cualquier otro mes.
Tampoco me ayuda notar que el cosmos se encuentre paralizado hace meses. Es verdad que me quejaba durante el año anterior de un cosmos demasiado dañino, pero esta, no es la solución. Paralizarlo no resuelve el problema, a no ser que dicho descanso sea cuanto menos necesario para iniciar la marcha en rotación contraria a la experimentada el año anterior. Algo parecido a las norias de las ferias, donde una vez montada y ascendida, cuando te encuentras en el punto más alto, el movimiento se detiene, para comenzar minutos después -en ocasiones, eternos-, a girar de manera contraria a la inicial. (Esto me recuerda lo poco que me gustan las atracciones). Solo eso me consolaría. Por higiene mental, pienso pensarlo y después incluso, creermelo.
Tampoco me ayuda notar que el cosmos se encuentre paralizado hace meses. Es verdad que me quejaba durante el año anterior de un cosmos demasiado dañino, pero esta, no es la solución. Paralizarlo no resuelve el problema, a no ser que dicho descanso sea cuanto menos necesario para iniciar la marcha en rotación contraria a la experimentada el año anterior. Algo parecido a las norias de las ferias, donde una vez montada y ascendida, cuando te encuentras en el punto más alto, el movimiento se detiene, para comenzar minutos después -en ocasiones, eternos-, a girar de manera contraria a la inicial. (Esto me recuerda lo poco que me gustan las atracciones). Solo eso me consolaría. Por higiene mental, pienso pensarlo y después incluso, creermelo.
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