365 días esperando este día. Y por fín, llegó. Por delante, un mes variado, la mayor parte de él en otro lugar, con otra gente y en otro idioma. Detrás, meses de madrugones, últimamente imposibles de soportar, y de angustias también variadas.
Desconexión necesaria aunque este año sinceramente, demasiado radical. El momento en el que lo decidí fue uno de los peores del primer semestre del año. De ahí la radicalidad de la decisión.
Sin marcha atrás, prefiero plantearme los veinte días que estaré fuera, muy fuera de mi entorno, como un reto más por cumplir; veremos si a la vuelta, se trata de un reto más, cumplido.
Por desear... comodidad, aprendizaje sin mucho coste intelectual y descanso. Para comprobarlo, no queda otra que ir haciendo la maleta sin olvidarme de colocar entre la ropa, varios kilos de coraje y entre los zapatos, varios gramos de felicidad, y así ir vestida por fuera como me gustaría estar por dentro.
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viernes, 1 de agosto de 2014
sábado, 11 de junio de 2011
Apatía
Para la RAE la dejadez, la indolencia y la falta de energía es apatía. Puede ser que eso coincida con lo que siento desde hace algunos días. Quizá tiene que ver con la falta de compromiso que respiro a mi alrededor. Dicen que eso es el reflejo ni más ni menos que de la sociedad en que vivimos. Yo creo que precisamente ahora, esto no es así. No se trata de la sociedad sino de mi generación. Sobrepasar los 30 pero no haber llegado a los 40 parece ser una losa demasiado pesada como para apostar por algo. Ni qué decir tiene lo de apostar por alguien... Pero eso es otra historia. Nada parece movernos del cómodo sofá que con tanto sacrificio hemos comprado. La inercia del miedo a decir algo que pueda repercutir en consecuencia negativa, atrapa al treintañero de a pie en su vida de burgués artificial. Querer parecer es lo que se lleva en una generación que soñó que se comía el mundo pero le faltaba suficiente coraje ni tan siquiera para darle un mordisco.
Y ahí estamos, viendo asomados al balcón, pasar el tiempo. Un tiempo que menos mal que otros están aprovechando para cambiar las cosas. Algún día, nadie hablará de nosotros. Bien merecido lo tendremos.
Y ahí estamos, viendo asomados al balcón, pasar el tiempo. Un tiempo que menos mal que otros están aprovechando para cambiar las cosas. Algún día, nadie hablará de nosotros. Bien merecido lo tendremos.
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