No sé si tiene algo que ver con el libro que estoy leyendo, La lucha por la dignidad, pero llevo toda la semana topándome con este concepto. Me lo encuentro en la televisión, en internet, en la prensa escrita, en el cine, etc. Es como si detrás de este hecho hubiera una intención, la de dignificarla -nunca mejor dicho-, como si hubiera estado hibernando y fuera el momento de despertarla.
Quizá ese sería el remedio de alguno de nuestros males. Ahora que todo parece desmoronarse a nuestro alrededor y que lo material deja de tener valor día tras día, parece que lo más razonable sea dignificar la dignidad. Situarla en el lugar que merece, no muy alto pero tampoco en el suelo, tal vez su lugar esté más cercano a nuestra altura moral de lo que nos parece.
Conforme lo vanal es relegado a su origen, lo moral renace reconstruido de sus cenizas para colocarse entre el cerebro y el corazón, próximo a la garganta, con el objetivo de ser el juez de aquello que finalmente debemos digerir, no sin antes decidir... tragar o vomitar.
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sábado, 14 de enero de 2012
domingo, 28 de marzo de 2010
Contracorriente
Llevo toda la tarde con la canción de El Canto del loco, A contracorriente, en mi cabeza. Y me acabo de dar cuenta que como siempre digo, nada es por casualidad. Ha sido una semana difícil, otra más. Y el fin de semana, esta vez, no ha sido remedio para olvidar. Quizá porque no debía hacerlo. Quizá porque sin saber el por qué me encuentro en esta situación, llevo algunos días sintiéndome a contracorriente de mi entorno. En el momento justo en el que brota la primavera y por ende, el más apropiado para que la sangre se altere, el corazón se abra y el alma se descongele, yo me siento a contracorriente. Es como si me sintiera de lo más cómoda en esta situación anodina, sin que ni por un instante prefiriera que entrara el calor suficiente para que, de una vez por todas, derritiera y quebrara las mil y una protecciones que antaño decidí colocar en un lugar prácticamente acorazado hoy por hoy. ¿Y cómo lo explico? ¿Y cómo puedo hacerlo comprensible? ¿Con mi personalidad? ¿Con semejante bagaje? -No sé por qué lo hice, pero lo hice, dejé sonar el teléfono, aunque anteriormente lo había llamado yo.
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