Hacía muchos años que no iba al cine a la Gran Vía. Me encantó disfrutar de la experiencia de nuevo. Me trasladó a mi infancia, cuando no había más centro comercial que el de la Vaguada y era impensable ir al cine a un lugar diferente que no fuera el centro de Madrid.
Esta mañana caí en la cuenta de que en ese mismo lugar, en la fila para entrar a la sala para ver cualquier película, mi primer y más duradero novio me informó de que estabamos saliendo. Ahora recuerdo la conversación con una sonrisa de oreja a oreja. Ese día salí de mi casa pensando en quedar con un amigo para ir al cine y volví gritando a los cuatro vientos que con quien había quedado era con mi novio. Ahora, catorce años después, me cuesta hasta escribir la palabra.
Yo, como en un momento de la peli de ayer, digo que dicen... que no existen las casualidades... Quien sabe si la vuelta por esa calle tan importante en mi vida -y no solo por lo narrado anteriormente- significa algo más, a pesar de que en mi realidad, los míos nunca vuelven.... Quien sabe si este contratiempo sucede por esa maldita pared.
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sábado, 27 de febrero de 2010
Treintañer@s
Mi madre dice que cuando una mujer se acerca a los treinta años tiene que tomar una decisión: tener novio o tener criterio. Así comienza el libro que me estoy leyendo y que compré en la Casa del Libro tras encargar dos ejemplares de dos obras que no quedaban. Siempre pico cuando de paseo por los estantes me llama la atención algún título que esconde historias ya demasiado maniqueadas de treintañeras desquiciadas. No lo puedo evitar. Lo vi y lo compré. Pensé que sería diferente, pues en este caso, en lugar de autora desquiciada es autor, por qué no, puede que también sea desquiciado. Es evidente que es de fácil lectura, pues en solo una semana, he avanzado unas 200 páginas. La cosa ahora se pone interesante pues de la treintañera histérica por conseguir un novio modosito aunque le pirrian los cabronazos, hemos pasado directamente al treintañero cabrón de vacaciones en Ibiza. Poder tener acceso al pensamiento de alguien que al plan parejilico tilda como 'plan zeta' por ser ese plan que para el hombre es el último que le gusta llevar a cabo o que aunque su leitmotiv sea la huída del compromiso, una noche relajada piensa en aquella mujer a la que jamás ha podido olvidar... Me interesa, me interesa mucho. Sobre todo, cuando es lunes a primera hora de la mañana y viajas a una nueva semana en un vagón de metro repleto de treintañer@s.
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domingo, 13 de septiembre de 2009
Cuzco
Aforo completo. No cabía un alma más en el garito de cuzco. Mucho niño mono y en este caso, también solo. La noche prometía. Para cuando Yul y Nemi decidieron irse, habíamos cambiado de ubicación un par de veces. Beck, Nita y yo nos situamos cerca del grupo más hormonado del lugar, siguiendo el gusto hombreriego de mis dos amigas. No dije ni una palabra en contra. Me sabía que anoche no era mi noche, así es que preferí contarles a the hormand's men que tenía novio (además me salió sin pensarlo demasiado, cuando me escuché a mi misma quedé tan sorprendida como convencida de que así era). Cuando los cartones para bingo estaban más o menos repartidos, a poco de cantar línea, sorprendí a mis amigas informándoles de mi marcha. Sinceramente, ninguno de los cartones me gustaba. Sinceramente, anoche preferí lo de desgraciada en el juego... Si por lo menos esta semana se transformara en afortunada en amores, mi marcha en solitario hasta casa, seguramente tendría algún sentido. Apostamos?
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