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domingo, 18 de julio de 2010

Egoísmo

Dos años habían separado una fiesta de otra. El tiempo suficiente como para que las sensaciones en el mismo lugar y con la misma gente cambien para bien. Esta vez, la integración fue total, y no solo me refiero a la social sino también a la de con el alcohol. Me suele suceder en muy pocas ocasiones, pero ayer el exceso de Brugal me llevó a soltar el veneno del que tanto tiempo hacía que no hablaba en este blog. La noche terminó envenenada por el propio egoísmo que tiñe círculos amistosos y que solo vemos cuando nos afecta frontalmente. Y todo porque dejamos que los trapos se ensucien demasiado y claro, luego se deciden lavar en el peor momento, tan peor como una noche en el que el alcohol no ha dejado ni una neurona pacífica en su sitio. Entonces, es el preciso instante en el que el leve roce de una palabra, supone la gota que colma el vaso y que la hace derramar a borbotones. Y mira que hace poco me quedé con la copla de lo necesario que es vaciar el vaso de vez en cuando si no quieres que el contenido se derrame cuando menos te lo esperes. Pues eso, la primera en la frente... Ahora toca poner los trapos limpios a secar al calor de este verano sofocante que por otro lado, nos tiene los cuerpos revueltos y el ánimo enloquecido.

lunes, 5 de octubre de 2009

Peligro

Volvimos a quedar el viernes. En mi casa. Quise jugar en mi campo para estar cómoda y poder soltar mi discurso de mujer herida. No me dio tiempo. Bajo mi asombro, él vertió una palabra tras otra. Vomitó su sentido parecer. Jamás le había escuchado hablar tanto y tan seguido sobre mi y él: cuando estuvo conmigo lo tenía todo. Me faltaba el aire, me sobraban los platos, las copas y el pescado al horno. Solo quise escucharle y repetirme una y otra vez que me lo estaba diciendo a mi. Habían pasado casi tres años y me agradecía, en mi casa, que nunca le hubiera fallado, que siempre hubiera sido la misma persona, la de verdad, la que hablaba con el corazón. Le devolví sus halagos en forma de veneno. La chica del horóscopo no cambia sus planes. Comenzaba la función y esta vez salía al escenario la mujer herida, despreciada y utilizada. El drama subía de intensidad. Tanto que él, popero en cuerpo y alma, terminó llorando... Mi rostro era puro hielo. No supe reaccionar. Abrí un paquete de clinex y me levanté para secarle las lágrimas. Dulcifique la situación con una broma y un beso. El resto... lo que siguió...lo imaginable... lo suficiente para considerarme de nuevo... en zona de peligro.

domingo, 21 de junio de 2009

Víbora

Ayer volvimos a repetir la zona de Huertas. Yul se reincorporó tras estar ausente durante casi un mes. Había que celebrar su vuelta a las noches temáticas. Esta vez fue de lo más divertido, incluso llegué a protagonizar uno de los episodios más vergonzosos de mi trayectoria nocturna. Tras pedirnos la primera copa, fuimos a parar al lado de la niña del exorcista disfrazada de una rubia muy legal. Indignada por lo que creía haber escuchado, me escupió toda una lista de improperios que merecía según ella por criticar su escote. Junto con Marise, le aclaré como pude, que así como había criticado su melena oxigenada y su manera de bailar, en ningún momento había tomado conciencia de su escote, quizá porque era lo que menos merecía la atención del personal. No demasiado convencida, admitió que podía haber sido un malentendido. Lástima que algunas gasten tantísimo tiempo en clonarse a modo de Reese Witherspoon, para acabar soltando veneno por cada poro de su piel.
Me volví a encontrar a la víbora en el baño, donde su enemiga pasó a ser la chica que la impidió colarse. A punto de volver a mostrar espuma por la boca, la niña del exorcista prefirió, en esta ocasión tragarsela, pues se acababa de percatar de que había una espectadora conocida suya entre el público. Su cara volvió a su ser e hipócritamente la pidió perdón. No sabe la chica desconocida de la que le había librado mi presencia.