No hay nada que envidie más que el equilibrio en la vida. El hecho de juzgar lo que vaya pasando de una manera equilibrada es para mi más que un reto. Con objetividad, sin apasionamiento. Como si miraras los hechos desde un cristal transparente, incoloro, insípido, insustancial. Es lo que es y se acepta como es.
Poco a poco y dependiendo de qué parte de mi vida analice, voy haciéndome con este método. Pero no consigo llevarlo a la práctica en todas las parcelas. Es más, justamente me olvido de utilizar esta herramienta cuando se trata de analizar o reflexionar aquello que tiene que ver con el corazón.
Ahí me puede la culpa, las sensaciones pesimistas, la incomprensión e incluso la incoherencia.
Pero nunca el equilibrio. Es por esto que al nuevo año le pido un tinte de equilibrio para toda mi vida, una ausencia de dramatismo, sobre todo en aquello a lo que el corazón se refiera. Equilibrio para asimilar sin dudar lo que vino, lo que está viviendo y sobre todo por lo que vendrá.
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domingo, 16 de diciembre de 2012
sábado, 24 de marzo de 2012
Incoherencia
Reivindico la incoherencia en lo emocional, en donde el corazón pesa más que la razón. En esos momentos, vale ser confusa, desdecirse, contradecirse, etc... Vale ser incoherente. La coherencia se deja para los asuntos racionales, para los días laborables, para cuando no te queda más remedio que pensar modos y maneras de seguir viviendo, a pesar de esta crisis económica que nos tiene sumidos en el más absoluto de los pesimismos.
Para pensar así, debes haber sentido, aunque sea después de habertelo negado millones de veces, deben haberte tocado lo emocional. Y solo cuando eso sucede y te escuchas intentando sin conseguirlo explicar tus actitudes incoherentes, entonces reflexionas y vuolà: no pasa nada. Es la incoherencia que se permite. Y se permite porque no tiene nada que ver con lo racional. Merece un espacio diferente, junto con los sentimientos. En ese lugar, se puede ser contradictorio. Es más, se debe. ¿Por qué? Porque esa actitud será la señal que nos despierte del letargo coherente para vivir otras sensaciones, para abrirse a nuevas experiencias. Por eso, bienvenida sea la incoherencia.
Para pensar así, debes haber sentido, aunque sea después de habertelo negado millones de veces, deben haberte tocado lo emocional. Y solo cuando eso sucede y te escuchas intentando sin conseguirlo explicar tus actitudes incoherentes, entonces reflexionas y vuolà: no pasa nada. Es la incoherencia que se permite. Y se permite porque no tiene nada que ver con lo racional. Merece un espacio diferente, junto con los sentimientos. En ese lugar, se puede ser contradictorio. Es más, se debe. ¿Por qué? Porque esa actitud será la señal que nos despierte del letargo coherente para vivir otras sensaciones, para abrirse a nuevas experiencias. Por eso, bienvenida sea la incoherencia.
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