Dicen que cuando mirando hacia todos los lados, sigues sin ver la salida, debes dejar de buscar y poner las decisiones en manos del destino.
Sucede cuando ante varias posibilidades, tu mente fabrica varias soluciones pero cuando llega la hora de la verdad, nada se cumple, a excepción de aquello de lo que huías.... la incertidumbre.
Y entonces toca lo de siempre... esperar. Esta vez, en un callejón con una única salida, precisamente la que vislumbraste cuando hace un año te embarcabas en algo que sabías que acabaría como está a punto de hacerlo.
Mientras tanto, el alma se rompe, pero siempre de manera silenciosa, por eso, utiliza al cuerpo para que dé las señales oportunas: primero, sufre el estómago, porque se niega a digerir, después los mismísimos ovarios te recuerdan que una nueva decepción ya es imparable y por último, la garganta, dolor provocado por el miedo a decir lo que piensas, cada vez que consideraste que debías haberlo hecho, pero no lo hiciste. Callar fue el principio del fin. Un fin que se acerca. Un dolor que acecha sin detenerse a escuchar.
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domingo, 13 de octubre de 2013
domingo, 9 de diciembre de 2012
SinMás
Cuesta a veces demasiado obedecer al destino. Sobre todo cuando lo que quieres que suceda es lo contrario a lo que te ofrece. Entonces viene la frustración y el cansancio, multiplicado por n si se trata de una situación que se repite de manera periódica en tu vida.
Deberían enseñarnos a asumir lo deparado sin más. Algo así como conformarnos con lo que viene. Sin considerarlo. Sin valorarlo. Sin aprobarlo. Sin Más.
La frustración no aparecería y el cansancio dejaría paso a la complacencia. El escenario sería claramente distinto. No habría búsqueda de razones ni cuestionamientos utópicos. Tan solo un sí acepto. Sin Más.
Lo contrario es contraproducente por el daño que provoca y por las energía que desgasta. Sencillo sería asumir sin más para que sin más el destino vuelva a decidir, sin presiones absurdas, sin rebeldías constantes.... Sin Más.
Deberían enseñarnos a asumir lo deparado sin más. Algo así como conformarnos con lo que viene. Sin considerarlo. Sin valorarlo. Sin aprobarlo. Sin Más.
La frustración no aparecería y el cansancio dejaría paso a la complacencia. El escenario sería claramente distinto. No habría búsqueda de razones ni cuestionamientos utópicos. Tan solo un sí acepto. Sin Más.
Lo contrario es contraproducente por el daño que provoca y por las energía que desgasta. Sencillo sería asumir sin más para que sin más el destino vuelva a decidir, sin presiones absurdas, sin rebeldías constantes.... Sin Más.
domingo, 9 de septiembre de 2012
36
El post número 200 coincide con el que dedico a mi nueva edad. ¿Casualidad? No lo creo. A esta edad no se cree tanto en las casualidades como antes. Todo es por algo y tiene sentido porque así lo ha querido la vida, el destino, Dios... El caso es que si pasas más de cinco meses sin acercarte al lugar de los hechos y cruzas esa puerta el día x pero el tipo por el que has evitado aparecer por allí no se encuentra, es seguro, por algo. Porque no era el día adecuado, porque el primer acercamiento a dicho lugar de los hechos, debía ser así, porque servirá para la próxima... Por eso, por eso, porque siempre sirve para la próxima ocasión, tanto lo que sucede como lo que no. Así lo veo de claro desde hace tiempo y qué mejor que este momento para confirmarlo, justamente cuando cumplo mi primera semana con 36 años.
domingo, 30 de mayo de 2010
Beck
Antes de conocernos no sabíamos que nuestras vidas estaban siendo paralelas. Lo averiguamos en una excursión a la sierra. Desde ese día supe que debía haber sufrido y que irremediablemente sufriría por amor. El destino quiso que ya como amigas, volvieramos a experimentar la similitud de nuestras vidas y mientras yo me veía con el popero, ella se dejó encaprichar por uno de sus amigos. Volvíamos a coincidir. Y también lo hicimos al romper. Tras un concierto de Fangoria, prometimos acabar con aquella situación ni contigo ni sin ti en la que ambas habíamos vuelto a caer. Y lo cumplimos.
Hoy y a pesar de que nuestras vidas ya no son tan paralelas, seguimos en el mismo barco, en el que cuando las olas golpean demasiado fuerte en su camarote, ella busca refugio en el mío.
Beck aún sigue sin ser consciente lo mucho que le recompensaría preferir a ser preferida. Algún día, porque ella sabe hacerlo como nadie, analizará su pasado y examinará su presente, para de nuevo, por enésima vez, ponerse al timón de su vida y dirigirse a puerto, pero no a uno cualquiera sino al que sólo ella prefiera. Y el resto, dejará de importar.
Hoy y a pesar de que nuestras vidas ya no son tan paralelas, seguimos en el mismo barco, en el que cuando las olas golpean demasiado fuerte en su camarote, ella busca refugio en el mío.
Beck aún sigue sin ser consciente lo mucho que le recompensaría preferir a ser preferida. Algún día, porque ella sabe hacerlo como nadie, analizará su pasado y examinará su presente, para de nuevo, por enésima vez, ponerse al timón de su vida y dirigirse a puerto, pero no a uno cualquiera sino al que sólo ella prefiera. Y el resto, dejará de importar.
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