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domingo, 13 de octubre de 2013

Callejón

Dicen que cuando mirando hacia todos los lados, sigues sin ver la salida, debes dejar de buscar y poner las decisiones en manos del destino.
Sucede cuando ante varias posibilidades, tu mente fabrica varias soluciones pero cuando llega la hora de la verdad, nada se cumple, a excepción de aquello de lo que huías.... la incertidumbre.
Y entonces toca lo de siempre... esperar. Esta vez, en un callejón con una única salida, precisamente la que vislumbraste cuando hace un año te embarcabas en algo que sabías que acabaría como está a punto de hacerlo.
Mientras tanto, el alma se rompe, pero siempre de manera silenciosa, por eso, utiliza al cuerpo para que dé las señales oportunas: primero, sufre el estómago, porque se niega a digerir, después los mismísimos ovarios te recuerdan que una nueva decepción ya es imparable y por último, la garganta, dolor provocado por el  miedo a decir lo que piensas, cada vez que consideraste que debías haberlo hecho, pero no lo hiciste. Callar fue el principio del fin. Un fin que se acerca. Un dolor que acecha sin detenerse a escuchar.

domingo, 4 de diciembre de 2011

Desesperanza

Mis amigas están de acuerdo en no poder con la incertidumbre. Para acabar con ella, las he visto hacer multitud de locuras. Sinceramente, creo que hay algo peor: la desesperanza. Creo que el momento en que eres consciente del agotamiento de las esperanzas es peor que el sufrimiento por vivir durante un tiempo en la incertidumbre.
El por qué está claro: tras la desesperanza no hay más. Ese es el final, un final por cierto, desastroso e incluso, en ocasiones, humillante. Tras la incertidumbre, cabe aunque sea, un rayo de esperanza, un 1 % de posibilidades, una pizca de ilusión... La desesperanza es el no con mayúsculas, es el nunca jamás, es el imposible que suceda.
Estoy convencida de que la incertidumbre puede mutar en algo positivo mientras que la desesperanza nunca lo hará. Cuando llega no queda más que dejarse cubrir por ella, entreabrir los ojos para intentar mirar hacia adelante, y acostumbrarse a llevar una piedra más en los bolsillos, pero aún con esas, no queda más remedio que seguir hacia adelante, pese a que a veces, una prefiera quedarse donde está por miedo a que la combinación del peso y el movimiento rompa de una vez por todas los malditos bolsillos.

sábado, 16 de enero de 2010

Miedo

Leyendo la prensa esta semana, encontré una cita del profesor Jorge Wagensberg: 'el progreso consiste en ganar independencia frente a la incertidumbre'. Y aunque soy consciente de que dicha frase debe entenderse en un plano económico, si traslado ambos vocablos (independencia e incertidumbre) al terreno personal, me causan la misma sensación: miedo. El primero, la independencia, por ser vecina y en muchas ocasiones íntima amiga de la soledad y en el caso de la incertidumbre, es considerada por mi como una de las peores enemigas que se puede tener y mantener. Confíemos en que el miedo al que he hecho alusión no sea el que Pilar Jericó, autora de NoMiedo, denomina como tóxico, aquel cuya primera pretensión es paralizar. Confíemos en que el miedo aludido es el bueno, el que se utiliza para desarrollar el potencial personal y profesional, el que no nos domina, si no al que dominamos y por eso progresamos.

sábado, 14 de noviembre de 2009

Incertidumbre

Yo creo que el peor estado de ánimo es la incertidumbre. No saber es peor que saber. Es para mi el peor de los maltratos psicológicos que he conocido. Levantarte y acostarte y volverte a levantar y volverte a acostar sin tener noticias es para volverse loca. No tener la certeza de qué es lo que ha pasado por su mente para decidir no hablar conmigo, para no volver a seleccionar mi nombre en su móvil y dar a la tecla verde, es condenarme sin pasar por ningún tribunal. Es concentrar el veneno que pueda tener en mi alma, de forma que no puedo imaginarme el momento de poder expulsarlo, de contaminar la suya, de removerle las entrañas, de que no se le vuelva a ocurrir en el resto que le quede de vida, aunque necesite estar a mi lado, contactar conmigo. Estoy de acuerdo con Fangoria cuando dice que un final siempre impresiona más. Necesito ese final, el the end de los filmes, el se acabó de María Jiménez. Para caer definitivamente, para hundirme en el lodo y rebozarme en la mierda, para llorar hasta hartarme, para culparme por haberle dado una segunda oportunidad, para volver al infierno del que tanto me costó salir, para cerrar la puerta y quedarme dentro de mi. Pero también para respirar, para resucitar, para ponerme otra vez 'a la venta', para volver a cuidar de mi, para no esperar noticias, para volver a ser yo. Para que... mi mundo sea otro.