Hay algo que puedes hacer cuando no estas conforme con tu realidad. Cuando te cargarías tu presente de un plumazo o elegirías dormir y que te despertaran cuando las cosas hubieran dado un giro, aunque solo fuera de cuarenta y cinco grados, eso sí, en positivo.
Lo que puedes hacer es asomarte a otras realidades. Observarlas detenidamente de frente. Examinarlas, perderte entre sus miradas, profundizar en sus rasgos, interiorizarlas y asumirlas como parte de un mundo del que también tú formas parte.
Hoy es uno de esos días. Esta tarde tengo la intención de visitar esas otras realidades que alguien/es fotografiaron sin mucho menos saber, que muy problablemente, en este domingo, me hagan volver con la brusquedad necesaria y de una vez por todas a mi realidad, una de tantas, una de las menos importantes.
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domingo, 27 de enero de 2013
domingo, 29 de julio de 2012
Rabia
No es un buen día. De pronto, la rabia me invade. Y lo peor es que no sabría explicar solamente con palabras, el porqué. Es una sensación agria que me recorre el cuerpo desde que me levanté y que a estas horas siento que se ha hecho más fuerte y que por lo visto, no tiene la más mínima intención de abandonarme. Algún significado tiene que tener. No me apetece buscarlo.
Hoy prefiero hacerme amiga suya.
La rabia y yo, empezamos a entendernos. Si yo la permito, ella me permite. Si yo no la comparto, ella lo respeta. Si yo no la incomodo, ella me lo agradece. Así vamos pasando el domingo, el último antes de mis vacaciones. Mala elección por parte de esta inquilina por querer instalarse en un día que debería ser, cuanto menos, expectante. Sin embargo, es lo que tiene este sentimiento, que se instala sin avisar, tras colarse por el ombligo y abrazar con sus tentáculos la boca del estómago. Hoy no me apetece que se vaya.
Hoy prefiero hacerme amiga suya.
Hoy prefiero hacerme amiga suya.
La rabia y yo, empezamos a entendernos. Si yo la permito, ella me permite. Si yo no la comparto, ella lo respeta. Si yo no la incomodo, ella me lo agradece. Así vamos pasando el domingo, el último antes de mis vacaciones. Mala elección por parte de esta inquilina por querer instalarse en un día que debería ser, cuanto menos, expectante. Sin embargo, es lo que tiene este sentimiento, que se instala sin avisar, tras colarse por el ombligo y abrazar con sus tentáculos la boca del estómago. Hoy no me apetece que se vaya.
Hoy prefiero hacerme amiga suya.
domingo, 15 de enero de 2012
Vértigo
Hay una sensación que se me repite todos los domingos: vértigo. Es igual que sea un mes que otro. Mi tiempo lo mido en semanas e independientemente de cómo las termine, el domingo es para mí igual a vértigo. Me sucede incluso en esta etapa de mi vida en la que parece que reina el estancamiento. No avanzar no significa en cualquier caso no evolucionar, me digo sin cesar pese a que cueste mucho más mirar hacia adelante de lo que me cuesta mirar hacia detrás. Será por lo desconocido, pero sobre todo por el vértigo. De pronto, la mente se bloquea, el corazón se acelera porque el peligro acecha, uno de los muchos a temer, aquel del que solo se sobrevive: el estancamiento. Y si este es el tope. Y si no hay más desarrollo vital. Y si esto es a lo que he venido. Y si pudo ser y como no fue, este es mi merecido. Vértigo. Vértigo entonces, por una situación conocida, vivida en modo consciente y justo por eso, temida.
Pero no queda otra, los minutos aunque lentos, pasan lo mismo en domingo que en cualquier otro día. Casi nada de tiempo para prepararse ante lo que vendrá. Lástima que las cartas estén ya repartidas...
Pero no queda otra, los minutos aunque lentos, pasan lo mismo en domingo que en cualquier otro día. Casi nada de tiempo para prepararse ante lo que vendrá. Lástima que las cartas estén ya repartidas...
domingo, 18 de abril de 2010
Impresión
No estuvo nada mal, la verdad. No estuvo nada mal la noche de ayer. Qué bien le viene a una cambiar de vez en cuando de entorno. Yul y yo celebramos el cumple de Nemi con algunos de sus amigos y la verdad es que a mi me gustó mucho. La ausencia de la total confianza que ya mantenemos entre nosotras, hace que pienses, a veces en exceso, qué es lo que vas a decir, cómo lo vas a decir y cuando conviene decirlo, no vaya a ser que al final sea verdad eso de que la primera impresión sea la que queda. La concentración en la conversación del inicio de la cena, dio paso paulatinamente a una disminución de la prudencia conforme la noche avanzaba y la confianza se afianzaba. A estas alturas de la tarde del domingo, me queda una única duda, esa que siempre da vueltas a personas como yo, con exagerada cantidad de prudencia en nuestras venas: la impresión que se llevaron a sus casas, a sus vidas, si esa impresión nos permitirá a unos y otros volvernos a encontrar, si habrá más tras la noche de ayer, si habrá un paso más entre quienes ayer comenzamos a conocernos. Chi lo sà!
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