Claroscuros son los momentos en los que cuando todo parecía estar claro, de repente, sin saber el porqué se difumina y pasando rápidamente por el tono grisáceo, el oscuro llega para quedarse.
Los claroscuros son víricos, lo son porque no suelen aparecer una sola vez sino que tras la primera ocasión que tienen, permanecen latentes en el organismo con la idea de hacerse presentes cada vez que pueden o quieren.
La situación entonces deja de ser discutible para ser expuesta unilateralmente utilizando la frialdad y la lejanía a partes iguales. Lo conseguido deja de ser interesante. Lo luchado comienza a hacerse demasiado pesado. La claridad se torna sin más remedio en oscuridad. Y después, lo de siempre... el silencio.
De todo esto, lo más relajante, es que de tantos claroscuros sufridos, una ya tiene el antídoto perfecto, la pócima adecuada para que lo antes posible deje de escocer: unas cuantas nuevas gotitas de ilusión. Cuesten lo que cuesten, sin por supuesto, costar la dignidad.
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sábado, 3 de marzo de 2012
domingo, 4 de diciembre de 2011
Desesperanza
Mis amigas están de acuerdo en no poder con la incertidumbre. Para acabar con ella, las he visto hacer multitud de locuras. Sinceramente, creo que hay algo peor: la desesperanza. Creo que el momento en que eres consciente del agotamiento de las esperanzas es peor que el sufrimiento por vivir durante un tiempo en la incertidumbre.
El por qué está claro: tras la desesperanza no hay más. Ese es el final, un final por cierto, desastroso e incluso, en ocasiones, humillante. Tras la incertidumbre, cabe aunque sea, un rayo de esperanza, un 1 % de posibilidades, una pizca de ilusión... La desesperanza es el no con mayúsculas, es el nunca jamás, es el imposible que suceda.
Estoy convencida de que la incertidumbre puede mutar en algo positivo mientras que la desesperanza nunca lo hará. Cuando llega no queda más que dejarse cubrir por ella, entreabrir los ojos para intentar mirar hacia adelante, y acostumbrarse a llevar una piedra más en los bolsillos, pero aún con esas, no queda más remedio que seguir hacia adelante, pese a que a veces, una prefiera quedarse donde está por miedo a que la combinación del peso y el movimiento rompa de una vez por todas los malditos bolsillos.
El por qué está claro: tras la desesperanza no hay más. Ese es el final, un final por cierto, desastroso e incluso, en ocasiones, humillante. Tras la incertidumbre, cabe aunque sea, un rayo de esperanza, un 1 % de posibilidades, una pizca de ilusión... La desesperanza es el no con mayúsculas, es el nunca jamás, es el imposible que suceda.
Estoy convencida de que la incertidumbre puede mutar en algo positivo mientras que la desesperanza nunca lo hará. Cuando llega no queda más que dejarse cubrir por ella, entreabrir los ojos para intentar mirar hacia adelante, y acostumbrarse a llevar una piedra más en los bolsillos, pero aún con esas, no queda más remedio que seguir hacia adelante, pese a que a veces, una prefiera quedarse donde está por miedo a que la combinación del peso y el movimiento rompa de una vez por todas los malditos bolsillos.
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sábado, 10 de abril de 2010
Nuevo
Por fin me tengo portátil nuevo. Se acabó tener que acordarme de encencerlo media hora antes de poder utilizarlo... La verdad, es que me está encantando teclearlo. No he parado de hacerlo durante toda la tarde. Es lo que pasa cuando algo nuevo cae en mis manos. Me recorre una ilusión por el cuerpo como si volviese a ser niña y no puedo dejar de palparlo.
Pero... en días se me pasa... Solo he de esperar unos días, acostumbrarme a su presencia, relativizar sus ventajas, comenzar a darme cuenta de sus inconvenientes para inmediatamente después traicionarlo - o traicionarme- pues siempre hay algo que vuelve a volverme loca y que acabo de ver en cualquier escaparate, camino del trabajo.
Estoy a punto de trasladar esta situación tan poco leal al ámbito de las relaciones personales y me da miedo pensar que eso también me esté pasando últimamente y por eso no me atreva a conocer más allá a nadie del sexo opuesto. Miedo a acostumbrarme a su presencia, a relativizar sus ventajas, a comenzar a darme cuenta de sus inconvenientes, para inmediatamente después... abandonar el intento, porque es como si lo nuevo al cabo de unos días en mi cabeza se desinflase.
Pero... en días se me pasa... Solo he de esperar unos días, acostumbrarme a su presencia, relativizar sus ventajas, comenzar a darme cuenta de sus inconvenientes para inmediatamente después traicionarlo - o traicionarme- pues siempre hay algo que vuelve a volverme loca y que acabo de ver en cualquier escaparate, camino del trabajo.
Estoy a punto de trasladar esta situación tan poco leal al ámbito de las relaciones personales y me da miedo pensar que eso también me esté pasando últimamente y por eso no me atreva a conocer más allá a nadie del sexo opuesto. Miedo a acostumbrarme a su presencia, a relativizar sus ventajas, a comenzar a darme cuenta de sus inconvenientes, para inmediatamente después... abandonar el intento, porque es como si lo nuevo al cabo de unos días en mi cabeza se desinflase.
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sábado, 30 de enero de 2010
Sueño
Hace tan solo tres horas que me he despertado y no deja de venirme una y otra vez a la cabeza el sueño que he tenido. Abrí los ojos sin necesidad de despertador y quise volver a dormir para volver a soñar, pero esta intención no dejó de ser una simple ilusión. Cuando al fin dilucidé que los sueños, sueños son, no tuve más remedio que dejarme llevar por la cabrona realidad. Mi sueño estaba contextualizado en mi pueblo, eran las fiestas de septiembre y por supuesto como era mi sueño, estaba él. Había venido a buscarme, me lo dijo clarito. En mi sueño también estaba Nemi y fue ella muy decidida la que quiso hablar en privado con el popero. Como era mi sueño y yo era la protagonista, yo pude escuchar su conversación. Tras esta, Nemi volvió a mi encuentro y me dijo que debía darle una nueva oportunida porque esta iba a ser la definitiva. Lo miré, me miró y me.... desperté. The end.
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