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sábado, 21 de enero de 2012

Cómputo

Tuve una conversación reveladora a mitad de esta semana. Alguien me dijo que es importante conocer el cómputo de la felicidad a la que debes aspirar. Que supone ser el resultado de la suma de momentos felices de tu vida, al margen de intensidades y de decepciones. Según el punto de vista de mi interlocutor, vivir un momento feliz por muy intenso que sea si supone una consecuencia parecida a la retahíla de siete noches en un mar de lágrimas, no merece la pena. El cómputo da negativo. Sin embargo, vivir un momento feliz en formato lineal con posibilidad de que se prolongue en el tiempo es lo correcto. Computa como válido en su original barómetro happy.
Su perspectiva me convenció hasta el punto de sentirme de nuevo orgullosa de las decisiones tomadas, sobre todo de aquellas en las que el 'no quiero esto' ha pesado durante días como una auténtica losa en mi cabeza. Ese 'no quiero esto' era la única puerta disponible hacia la felicidad que computa. Virar hacia el 'se que no quiero esto pero no me atrevo' hubiera significado la descalificación y por tanto la invalidez para computar en este termómetro vital sobre la felicidad vivida y por qué no decirlo, también merecida.

domingo, 10 de enero de 2010

Anel

Anel se casa. El próximo 5 de junio. Durante la noche de ayer no dejaron de venirme flashes a la cabeza. Anel y yo nos conocimos cuando teníamos apenas 15 años. Fue ella quien me sugirió que nos sentaramos juntas en clase. Ni por un momento me di cuenta que estaba conociendo a una de las personas que más marcaría mi vida. Fue ella quien me enseñó todo lo que sé sobre la amistad, la que me dejó claro que los amores vienen y van, pero que la amistad verdadera es para siempre (forever and never). Yo le presenté al que luego sería su primer novio. Pasamos juntas la selectividad, nuestra primera salida a los bajos de Moncloa, de ahí a las escaleras del Speakease, en Alonso Martinez, de ahí, a Guzman el Bueno (cuantos momentos en Lasal), y de ahí al sitio donde si las paredes hablasen, el sitio donde en mi presencia, conoció al que será, Dios mediante, su marido. Nuestras primeras vacaciones, fueron memorables. Memorable fue también el día que nos dimos cuenta que podíamos intercambiar padres y ni ellos ni nosotras nos percataríamos del cambio...Guauuuuu. Cuántas risas, y cuántas... lágrimas. Todavía recuerdo, aparcadas en un centro comercial, con la idea de comprarnos cuatro trapitos y sin salir en toda la tarde del coche, el llanto que compartimos porque yo no era capaz de encaminar aquella primera relación. Meses después, era ella la que no podía aguantar las lágrimas por quien no la merecía. Ahora, en cambio, si. Él sí la merece. Se merecen....Él posiblemente no lo sepa... pero se casa con mi hermana mayor.

lunes, 19 de octubre de 2009

Lloré

Al mismo tiempo que cruzaba la puerta de mi casa, por fin rompí a llorar. La emoción contenida durante horas, explotó en forma de lágrimas cuando todo acabó. El sábado se casaba mi única hermana. Acabo de hablar con ella y aunque no deja de mantener el mismo vínculo sanguíneo conmigo que el viernes, hoy es una mujer casada. Todo fue como esperábamos: la familia nos acompañó desde primera hora de la mañana y no dejó de hacerlo hasta el amanecer del domingo; los novios dejaron de serlo para convertirse en marido y mujer; en pleno octubre el verano pareció que instalarse y por todo el día… tuvimos sol y calor.

Y ahora… pues la vida sigue… para ellos y menos mal que también para el resto.

sábado, 10 de octubre de 2009

Pero

Quise probarle de nuevo. Elegí lugar y evento. Antes de reservar, se lo propuse por sms. Tardó varias horas en contestar, pero para también mi asombro, me confirmó la quedada. Incluso se ofreció venir a buscarme a mi casa. Sigo fascinada. Puntual me recogió y vimos el espectáculo.
Dicen que siempre hay un 'pero'. Esta vez también lo hubo. Tras la velada, se negó a subir a mi casa. Debo confesar que me sentí rechazada y un poco decepcionada. Sola, encima de mi cama encendía y apagaba la luz sin saber ni lo que estaba haciendo. No me apeteció ponerme el pijama, ni siquiera, lavarme los dientes. No me salían las lágrimas pero quería llorar: cómo no me había callado el ofrecimiento, me tenía que haber cosido la maldita bocaza. Encendía y apagaba. Encendía y apagaba. Encendía y... sonó un sms. Contundente, me decía que le había encantado la noche y que yo seguía pareciéndole muy, muy grande. ¿Grande?¿Muy, muy grande?¿No había otro halago? Tanta pregunta me sumió en una ensoñación particular, que otro día contaré.
Nemi, tras contarle mi historia, ha intentado animarme: 'yo creo que todo era estrategia, quería demostrarte que no siempre iba a quedar como antes, para sexo, no te rayes, está diciéndote con hechos que ha cambiado'. No sé por qué, pero no me lo creo.
Menos mal que esta noche tengo la intención de convertir mi sangre en alcohol. My sister se despide de su soltería. Mañana puede ser que vea las cosas de modo diferente, lo que es seguro es que las veré con resaca.