Había una vez una persona que creía poder (auto)controlarlo todo. Era una persona que protegía lo que sentía en todo momento. A la que era difícil de consolar, pero a quien todo el mundo acudía a consolarse. Defendía el silencio como el arma más encomiable y la dignidad como la seña de identidad del ser humano. Sin ella, todo está perdido. Consideraba la lealtad su fiel compañera y el respeto, el marido deseable. La mezcla de ambos ingredientes, podía ser su cena favorita.
Una vez, quiso comprobar hasta donde llegaba su supuesto (auto)control, queriendo llegar más allá de lo que en un inicio se le notificó. Quiso poner a prueba su intuición, como siempre, con paciencia y tiempo, sin prisa, como los buenos guisos, a fuego lento. Y averiguó lo que quería... Y quiso saber más... Y ... en este justo momento se encuentra... en el que la curiosidad lucha con el (auto)control, día sí y día también. Mientras tanto, la lealtad y el respeto la consuelan.
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domingo, 3 de octubre de 2010
domingo, 21 de febrero de 2010
Yul
Si en algo coincidimos todas es en saber la suerte que tenemos al tenerla como amiga. Es la auténtica definición de lealtad. Yo siempre la digo que admiro su saber estar, su aguante ante las tormentas, su calma ante las dificultades, su entereza ante los problemas. No posee dobleces, ni tampoco personalidades diferentes. Es una de aquellas personas que ha curtido su profesión. Recuerdo el día que fue a visitarme al trabajo con su niño preferido...Nunca había visto a una persona ofrecer tanto a alguien a cambio de una simple sonrisa. Y esa es su visión del entorno, un entorno donde, por su trabajo, ha pesado aquello que para muchos ignorantes son defectos y para gente como ella, no son más que virtudes a desarrollar con entrega, mucha entrega. Alguien así merece en primer lugar reconocimiento, uno a lo grande y tan incondicional como su corazón. Merece que la quieran, uno de esos hombres de verdad, un superhombre, como vaticina ella. Merece cuánto bueno la va a llegar, porque sí, porque debe ser así. Honesta, familiar, en ocasiones terca, pero siempre comprensiva y risueña. Real como la vida misma. Yul es así, para sí y para vos.
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