Necesito brisa. La misma que sosiega el calor aplastante de una tarde de agosto en la orilla del mar. Aquella que notas conforme avanzas hacia las primeras olas que ni siquiera te mojan los tobillos. La que te hace olvidar que hace un momento que estabas sudando y que a duras penas podías respirar.
-Mi post por una hora de brisa marina-.
Despues, prometo ver las cosas con otros ojos, contemplar la vida de diferente manera, con las gafas de la paciencia y la mirada de la esperanza.
-Definitivamente, necesito esa brisa-.
Porque se que me va ayudar a soportar el calor atosigante del mes y pico que me queda hasta que me den vacaciones. Porque se que me va ayudar a escuchar menos a l@s de siempre y más a l@s de nunca. Se que notar la brisa en mi rostro me va a despertar de esta apatía que arrastro desde hace varias semanas. Y lo va a hacer como a mi me gusta, con suavidad, sin apresurarse y lo mejor es que no desaparecerá hasta que no compruebe que he resucitado del todo.
-Brisa, bendita brisa-.
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domingo, 19 de junio de 2011
domingo, 3 de octubre de 2010
(Auto)control
Había una vez una persona que creía poder (auto)controlarlo todo. Era una persona que protegía lo que sentía en todo momento. A la que era difícil de consolar, pero a quien todo el mundo acudía a consolarse. Defendía el silencio como el arma más encomiable y la dignidad como la seña de identidad del ser humano. Sin ella, todo está perdido. Consideraba la lealtad su fiel compañera y el respeto, el marido deseable. La mezcla de ambos ingredientes, podía ser su cena favorita.
Una vez, quiso comprobar hasta donde llegaba su supuesto (auto)control, queriendo llegar más allá de lo que en un inicio se le notificó. Quiso poner a prueba su intuición, como siempre, con paciencia y tiempo, sin prisa, como los buenos guisos, a fuego lento. Y averiguó lo que quería... Y quiso saber más... Y ... en este justo momento se encuentra... en el que la curiosidad lucha con el (auto)control, día sí y día también. Mientras tanto, la lealtad y el respeto la consuelan.
Una vez, quiso comprobar hasta donde llegaba su supuesto (auto)control, queriendo llegar más allá de lo que en un inicio se le notificó. Quiso poner a prueba su intuición, como siempre, con paciencia y tiempo, sin prisa, como los buenos guisos, a fuego lento. Y averiguó lo que quería... Y quiso saber más... Y ... en este justo momento se encuentra... en el que la curiosidad lucha con el (auto)control, día sí y día también. Mientras tanto, la lealtad y el respeto la consuelan.
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