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domingo, 12 de octubre de 2014

Boicoteo

Dos días llevo reflexionando sobre la posibilidad de que de manera inconsciente boicotee nuevas amistades/relaciones que huelo que pueden ir a más.
Siempre he pagado un alto precio por decir la verdad, pero siempre lo he preferido a contar mentiras/mediasverdades.
Las afirmaciones anteriores mezcladas dan como resultado gente que sale y entra por temporadas de mi vida. Cuando la cosa se pone fea, por eso que acabo de decir de contar verdades, salen como si el daño fuera irreparable; sin embargo, el tiempo y el silencio, dos de las medicinas más recomendables en asuntos del corazón, ponen las cosas en su sitio y lo que ayer parecía irreparable, hoy tiene una solución tan fácil como es volver a tocar la misma puerta.
La duda que me queda y que espero resolver esta misma semana es si en el modo viceversa se gestiona de la misma manera.

sábado, 25 de febrero de 2012

Mentir

Anoche, hablando sobre la mentira y sus variedades parejílicas, llegué a la conclusión de que yo creo por defecto. Estoy programada de esa manera. Es más, considero, y así se lo hice ver a quien me acompañaba, que el problema era de quién mentía y nunca del que por la razón x creía por defecto.
Pienso también que para mentir hay que ser demasiado inteligente porque cuando el que miente es un mediocre, la historia se vislumbra en un abrir y cerrar de ojos, normalmente porque se vuelve contra uno más pronto que tarde. Y ahí caes al fango, desde donde, sin ayuda, se hace imposible salir.
Aún así, hay quien dice no mentir aunque obvia, dice no mentir aunque distorsiona, dice no mentir aunque no llega a decir del todo la verdad. Son aquellas personas que creen guardarse un as bajo la manga y lo único que guardan es su nulo sentido de la ética.
Sin más, prefiero creer por defecto y seguir con el que miente, de la manera que sea, por la línea de la discreción, aquella que siempre te asegura un lugar privilegiado en el banquillo del honor y la dignidad.

domingo, 28 de agosto de 2011

Verdades

Tengo fama de bocazas, pero estoy más tiempo callado que hablando. Tengo fama de juerguista, pero estoy más tiempo solo que acompañado. Añorar lo que nunca ha llegado a suceder.... Joaquín Sabina.
Repasando los mails atrasados, me encontré ayer con las conversaciones secretas entre Millás y Sabina. No se me ocurre mejor forma de acabar con este mes de agosto que ser testigo del diálogo entre dos genios del ingenio. Tremendas verdades escapaban de la boca del cantautor ubetense más madrileño que ninguno.
Las verdades para que sean tremendas, deben de haberse escondido profundamente durante años en lo más hondo del ser, para acabar siendo disfrazadas de buen rollo, de fortaleza, de dominio, de contención. Sin embargo, cuando casi ya se han transformado en una mentira más de aquellas 100 que tanto nos recuerda Sabina, en ese momento sientes la necesidad de que recorran las arterias, camino de los pulmones, de ahí hacia la laringe, para acabar incrustadas en la garganta, pendientes de un simple gesto de confianza para que a modo de borbotones caigan de tu boca como si de agua limpia de una fuente se tratase. Esas verdades duelen. Duelen cuando entraron y por eso también duelen cuando salen. Duelen al escucharlas y mucho más si ya se han asimilado. Será por eso por lo que siempre he defendido que la mentira no duele más que una tremenda verdad, sino menos.