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sábado, 19 de noviembre de 2011

Noviembre

Ocurre que este mes siempre me ha traído más disgustos que alegrías. Ocurre que no me gustan los meses que durante el año se me hacen tan largos como este. Y me gustaría que en algún momento esta rutina se rompiera y de pronto noviembre me recordara todo lo contrario.
Hasta que ese momento llegue, no puedo hacer otra cosa que resignarme y contar los días que quedan para terminar los treinta correspondientes al penúltimo mes del año. Concretamente: once. Mañana estaremos en la cuenta atrás.
El mismo día en el que hace dos años unas letras digitales me devolvían a la realidad, a la cruda realidad. La rabia de pasar de nuevo por lo mismo me empujó a escribir cada una de las palabras con las que ponía punto y final a algo difícil de explicar aunque, por desgracia, insuperable de sentir.
A partir de ese momento, la oscuridad más absoluta. Meses después, la resilencia me ayudaría a resucitar y a seguir caminando hacia otros noviembres, iguales en su longitud pero diferentes en su espesor, para ¿bien?.

sábado, 30 de octubre de 2010

Oscuridad

El próximo viernes hará un año exacto que lo ví por última vez. Después, silencio. Silencio solamente roto en dos ocasiones, la última hace apenas dos meses. Entre medias, demasiadas preguntas y ninguna respuesta. Y... dolor. Por no conocer el porqué de su ausencia, de sus paréntesis con multitud de puntos suspensivos desde una llamada a otra. Pero sobre todo, dolor por su decisión de probar cualquier cosa antes de seguir probándome a mi.
Definitivamente, Noviembre me trae malos recuerdoCursivas. De ahí, la preocupación por su inminente comienzo. Hace un año que la oscuridad volvía hacerse dueña de mi alma mientras que la angustia se convertía en mi desayuno y en mi cena. Entre medias, forzaba a mi buen humor a acompañarme en aquellas, recuerdo muy bien, dificilísimas jornadas. Áquel mes de noviembre fue triste, demasiado triste. Tanto, que contagió sin querer evitarlo, a diciembre, en el que la oscuridad no hizo otra cosa que atormentarme, sumiéndome en la crisis personal más fuerte que yo haya vivido hasta el momento. No podía imaginar cuanto camino oscuro quedaba por andar y cuanta angustia por soportar. No recuerdo el día que me levanté y decidí seguir hacia adelante. Sin embargo, que tierno se encuentra aún en mi memoria aquel cinco de noviembre en el que... se hizo la oscuridad.

sábado, 19 de diciembre de 2009

Nochebuena

Quedan apenas cinco días para que llegue la Nochebuena. Esta semana me contaron que se trata de la noche más larga y que por lo tanto, el 24 de diciembre es el que mayor horas de oscuridad tiene de los 365 días del año. A partir de este momento, las noches van acortándose hasta otro 24, pero esta vez en el lejano junio... La misma persona que me contaba esto, me dijo que por eso es tan importante que llegue el 25, porque la luz empieza a extenderse durante más tiempo. Y por consiguiente, la oscuridad comienza lentamente a disminuir: 'La noche del 24 es la que te traslada de la oscuridad a la luz'. Desde que supe de esta historia, tengo alguna esperanza en esta Noche en la que por tradición a casi todos nos toca cenar con la familia. Esta que llega en cinco días, será algo más que la típica Nochebuena, pues cuando me levante el día de Navidad, sabré que ha pasado la oscuridad más profunda, aquella que domina en mitad del túnel, la misma que te sitúa ante la disyuntiva de seguir avanzando o quedarte quieto, porque llevas mucho camino recorrido sin divisar la luz de la estación. A partir de ese día, cada noche será como cada paso hacia dicha estación: lento, titubeante, oscuro... pero... cada vez... más... próximo a la luz.