Ha vuelto el frío polar. Y a mi me ha pillado con la gripe. Es una situación delicada, porque no solo sientes frío cuando sales a la calle, sino también cuando te concentras en tu interior. Es como si el tiempo metereológico, una vez más, me acompañara, en mi devenir. Frío en el exterior y frío, mucho frío, en el interior... tanto, que no ha tenido más remedio que salir hacia afuera en formato combinado de tos, moqueo y fiebre. Un cóctel perfecto para desprenderse de lo que en un momento determinado pareció querer arraigarse y que como en numerosas y repetidas ocasiones, por no se que mal (fario) prefiere abandonar. De nuevo, bon voyage!
Menos mal que existe el Frenadol Complex, por lo visto, el mejor alivio sintomático de los procesos gripales. Recomendado cada seis horas en los días primeros, por ser los más propensos a estados febriculares; en el momento de expectorar... todo solucionado, un sobre cada ocho horas y después uno al día. Y en esto me encuentro, expectorando, porque no, de ninguna manera quisiera que algún virus quedara atrapado en mi interior. Y es que en cualquier momento, llega la recaída y sinceramente, para tanto, para que se transforme en recaída, no ha sido... De esos, de esos virus, a estas edades solo permito uno, el que ya tiene su sitio, el que llegó para quedarse porque para eso ha sido el más chulo, el que nunca me pude merendar.
sábado, 22 de enero de 2011
domingo, 16 de enero de 2011
Vouyeres
Anoche Marise se animó a salir con Yul y conmigo. Hacía tiempo que no nos veíamos, casi casi el mismo que no íbamos al garito de Gran Vía. Quisimos celebrarlo con un cócktel de brugalitos, carcajadas y bailes de toda época. El remate lo vivimos a la vuelta, cuando nos dirigíamos al coche de Yul que nos llevaría de vuelta a los aposentos de cada una, sin quererlo nos convertimos en auténticas vouyeres callejeras, que al más puro estilo del programa de la cadena Cuatro, comentamos lo que podría haber llevado a que dos jóvenes protagonizaran la escena que divisamos y oímos desde la acera de enfrente.
No deja de sorprender que el deseo se imponga a la vergüenza de ser descubierto y que, seguramente, por el contrario, sea eso mismo y el morbo que pudiera provocarlo, lo que impulse a satisfacerlo mejor más pronto que tarde.
Será que mis mejores deseos los he cumplido en la intimidad, será que siempre he tenido en mente aquellos veranos en los que no dejaban de transmitir a través de tv las escenas nocturnas que se grababan en las playas nacionales... Será que irremediablemente...voy haciéndome mayor.
No deja de sorprender que el deseo se imponga a la vergüenza de ser descubierto y que, seguramente, por el contrario, sea eso mismo y el morbo que pudiera provocarlo, lo que impulse a satisfacerlo mejor más pronto que tarde.
Será que mis mejores deseos los he cumplido en la intimidad, será que siempre he tenido en mente aquellos veranos en los que no dejaban de transmitir a través de tv las escenas nocturnas que se grababan en las playas nacionales... Será que irremediablemente...voy haciéndome mayor.
sábado, 15 de enero de 2011
Feliz
El lunes pasado accedí a un listado de hasta 60 propuestas para conseguir ser feliz. Yo solo subrayé 24 y todavía no sé por qué. De estas 24 hoy quiero resaltar dos:
1. Alguna decisión es mejor que ninguna decisión
2. Sé honesto contigo mismo.
Tomar una decisión incluye no dar pasos hacia adelante, sobre todo, si ya has dado los suficientes como para que el otro comprenda que esta vez, le toca a él. Si lo hace, existirá reafirmación en un sentido, si no, también, pero en el sentido contrario.
En cuanto a ser honesto con uno mismo es para mi, el principio y el final del ser humano. Sin esta máxima creo que nadie merecería esa definición, me refiero a la de ser humano. No debes mentir, pero menos debes mentirte, sobre todo porque entre otras cosas, no te creerás jamás.
1. Alguna decisión es mejor que ninguna decisión
2. Sé honesto contigo mismo.
Tomar una decisión incluye no dar pasos hacia adelante, sobre todo, si ya has dado los suficientes como para que el otro comprenda que esta vez, le toca a él. Si lo hace, existirá reafirmación en un sentido, si no, también, pero en el sentido contrario.
En cuanto a ser honesto con uno mismo es para mi, el principio y el final del ser humano. Sin esta máxima creo que nadie merecería esa definición, me refiero a la de ser humano. No debes mentir, pero menos debes mentirte, sobre todo porque entre otras cosas, no te creerás jamás.
domingo, 9 de enero de 2011
Puente
Acaba el primer puente del año 2011. Ha sido bastante agitado, con luces y con sombras. Si se cumple aquello que dicen que como comiences el año marcará el desarrollo del mismo, creo que tendré días muy divertidos pero otros angustiosamente solos. Los primeros se parecerán al viernes pasado en Alcalá de Henares, donde Yul, Beck y yo decidimos pasar el día. Sin parar de reir ni un momento, la vuelta a Madrid la pasamos haciendo planes para esa noche, que como era de esperar, también culminamos inventándonos supuestos en los que los hombres que vinieran debieran saber a lo que vienen y no confundirse y por ende, confundirnos.
Sin embargo, los segundos -los días angustiosamente solos- se parecerán al pasado día de Reyes en el que me di cuenta que vivir sola tiene sus inconvenientes. Uno de ellos, el silencio en un día tan especial como el día en que Sus Majestades de Oriente acaban de visitar los hogares españoles. Ahí si que, si me hubieran dado a elegir, me hubiera trasladado a mi infancia cuando me levantaba en casa de mis abuelos, en cuya ventana se amontonaban los regalos que mi hermana y yo no nos descuidábamos én abrir.
Y entre medias... el puente hacia el futuro... semanas con millones de interrogaciones que se irán despejando conforme pasen los días. La primera tendrá lugar mañana... ¿descolgará el teléfono?
Sin embargo, los segundos -los días angustiosamente solos- se parecerán al pasado día de Reyes en el que me di cuenta que vivir sola tiene sus inconvenientes. Uno de ellos, el silencio en un día tan especial como el día en que Sus Majestades de Oriente acaban de visitar los hogares españoles. Ahí si que, si me hubieran dado a elegir, me hubiera trasladado a mi infancia cuando me levantaba en casa de mis abuelos, en cuya ventana se amontonaban los regalos que mi hermana y yo no nos descuidábamos én abrir.
Y entre medias... el puente hacia el futuro... semanas con millones de interrogaciones que se irán despejando conforme pasen los días. La primera tendrá lugar mañana... ¿descolgará el teléfono?
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viernes, 31 de diciembre de 2010
2011
A seis horas de inaugurar un nuevo año. A seis horas de dejar atrás doce meses con muy pocas alegrías y sí alguna que otra pena incuestionable. Concretamente, dos. Por esto, un año, francamente, para olvidar. En su último día, sí puedo afirmar que no fue precisamente un año 10. Por delante doce nuevos meses, cada uno de ellos con su propia interrogación, con su incógnita, con su duda. 365 días con varios deseos que cumplir, pero uno por encima de todos: que se parezca lo menos posible al acabará en breve.
Al año que se va le agradezco únicamente esta sensación de dulce despedida. Nunca antes había deseado tanto que comience uno nuevo.
Al 2011 me encomiendo, a seis horas de inaugurarlo. Comienza la cuenta atrás...
Al año que se va le agradezco únicamente esta sensación de dulce despedida. Nunca antes había deseado tanto que comience uno nuevo.
Al 2011 me encomiendo, a seis horas de inaugurarlo. Comienza la cuenta atrás...
domingo, 19 de diciembre de 2010
MNS
Anoche descubrimos un sitio cuanto menos prometedor. Se trata de uno de esos lugares por los que pasas una y otra vez pero que no llegas a detenerte. Fue propuesta de Marty, y esta vez, muy acertada. Tanto que al cambiar de local y pese a que fuimos a uno de nuestros favoritos, nos arrepentimos de la decisión tomada, llegando a pensar que quizá hubieramos terminado la noche mejor si no hubieramos salido del MNS. Unas siglas que por poco se corresponden con las del famoso messenger (MSN). Quizá no solo fue casualidad la inversión de dichas letras, quizá hubo menos inversión y mucha más intención.
En cualquier caso, mereció la pena dar una segunda oportunidad a Marty, cuya decisión durante el último puente de conocer un nuevo lugar, nos hizo a Yul y a mi pensarnos si merecía subir nota. Y sí, sí la mereció. Y como subió nota, estamos dispuestas entonces a que sea ella la que finalmente decida que haremos en Nochevieja. No lo he dicho hasta este momento, pero nos encontramos a una semana de la Navidad y a dos de comenzar un más que deseado año nuevo.
En cualquier caso, mereció la pena dar una segunda oportunidad a Marty, cuya decisión durante el último puente de conocer un nuevo lugar, nos hizo a Yul y a mi pensarnos si merecía subir nota. Y sí, sí la mereció. Y como subió nota, estamos dispuestas entonces a que sea ella la que finalmente decida que haremos en Nochevieja. No lo he dicho hasta este momento, pero nos encontramos a una semana de la Navidad y a dos de comenzar un más que deseado año nuevo.
sábado, 18 de diciembre de 2010
Retirada
Ha sido quizá mi profesión la que me ha llevado a sentir verdadera satisfacción cada vez que tras múltiples pesquisas averiguo lo que busco. Aunque por otro lado también me haya llevado, en ocasiones a sentir, verdadera frustación. Cuando rutinariamente persigues alguna información, como toda rutina de por medio, se transforma en un simple trámite. Y pasan los meses. Sin embargo, él trámite deja de serlo inmediatamente a la misma vez que saltan las alarmas. Cuando lo buscado y lo encontrado choca desafíadamente. Entonces lo encontrado cobra la importancia denegada hasta el momento en favor de la rutina.
Ante lo descubierto de esta manera, mi reacción siempre es la misma: retirada en combate. Al menos, por un tiempo. El suficiente para que se me olvide el vuelco de estómago con el que recibí la frustante novedad. Al menos, esta vez, hasta la primavera, estación en la que todo vuelve a florecer, incluso aquello que el crudo invierno pareció en primera instancia devorar, pero que más tarde dejó que fuera la propia naturaleza la que se encargara de su suerte.
Ante lo descubierto de esta manera, mi reacción siempre es la misma: retirada en combate. Al menos, por un tiempo. El suficiente para que se me olvide el vuelco de estómago con el que recibí la frustante novedad. Al menos, esta vez, hasta la primavera, estación en la que todo vuelve a florecer, incluso aquello que el crudo invierno pareció en primera instancia devorar, pero que más tarde dejó que fuera la propia naturaleza la que se encargara de su suerte.
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