Llevo un año y pico pensando que me gusta mucho más salir de marcha los viernes que los sábados. La gente, los locales, las copas, etc... todo parece diferente. Tiene un color especial, como Sevilla. Y la noche de ayer me lo confirma.
Se respiraba ganas de desconectar, de respirar otro aire, de completar confesiones que se habían quedado reposando en el año pasado. Todo unido dio lugar a una noche la mar de divertida, de estas noches que una cosa acaba llevando a la otra y que te encuentras a deshoras compartiendo copas con dos desconocidos como si de tus mejores amigos se tratara.
La noche de ayer viernes, sirvió. Sirvió para ver otras posibilidades, para abrir la mente y para completar círculos que se abrieron a principios de diciembre y que cumplieron su meta.
Queda por delante todo febrero, con cuatro viernes más.... Veremos finalmente en lo que quedan.
sábado, 1 de febrero de 2014
domingo, 26 de enero de 2014
Vivir
Ayer tocó tarde de teatro. Como si de un espejo se tratase, la obra Confesiones de mujeres de 30 te devuelve las experiencias en las que cualquier mujer soltera más cerca de los 40 que de los 30 se ha visto inmersa en más de una ocasión. Si antes era la fama la que costaba y por lo que había que sudar, hoy en día lo que cuesta sudores y lágrimas es vivir plenamente la soltería. Cuesta porque siempre hay quién reclama explicaciones. A lo que yo siempre digo que quién hace eso es porque su vida no le basta y eso sinceramente si que es triste. Por eso hay quien teniendo una vida aparentemente plena, quiere que le cuentes como va la tuya, porque justamente esa es la que le mola. El ir y venir de gente en tu vida, el tirar hacia adelante con la mejor de tus sonrisas, el tener opciones como el o ella y descartarlas, y un sinfín de aventuras que jamás estarían dispuest@s a vivir y perderse así la normalidad de la gente normal. Pero no se dan cuenta que la normalidad no existe y que solo hay una vida. Si te la pierdes o la intercambias por la normalidad, no ganas, ni siquiera empatas....sino que permaneces en el rincón del esto es lo que hay, en el que la gente normal y reza porque llames a su teléfono y le cuentes tu último fin de semana.
Etiquetas:
explicación,
normalidad,
soltería,
sonrisa,
tristeza,
vivir
sábado, 11 de enero de 2014
2014
No me equivocaba al advertir en la última entrada de 2013 que la próxima vendría con el cambio de año. Hoy llevamos 11 días exactos del año 2014. Diciembre fue a mejor conforme cambiamos de quincena. Mejor no significa perfecto. Era sencillo que fuera mejor porque se partía de un lugar profundo y oscuro. Poco después llegaba la luz, pero no aquella intensa de mediodía, sino la que nace con el amanecer, cuando el día quiere abrirse paso pero la noche se resiste a que lo haga cómodamente.
Y en ese amanecer estamos. En el que aunque en su momento se adivinaba un día estupendo, no acaba de definirse del todo y al final no se sabe si saldrá el sol o por el contrario el cielo volverá a cubrirse de nubes.
A esta indefinición se une el cansancio instalado más en el alma que en el cuerpo por haber soportado más días de nubes que de sol; por lo que el miedo se cuela entre las rendijas de las heridas aún sin cicatrizar. El cóctel acaba siendo cuando menos, difícil de digerir.
Mientras tanto .... 2014 llegó.... veremos si al final podemos decir que ..... venció
Y en ese amanecer estamos. En el que aunque en su momento se adivinaba un día estupendo, no acaba de definirse del todo y al final no se sabe si saldrá el sol o por el contrario el cielo volverá a cubrirse de nubes.
A esta indefinición se une el cansancio instalado más en el alma que en el cuerpo por haber soportado más días de nubes que de sol; por lo que el miedo se cuela entre las rendijas de las heridas aún sin cicatrizar. El cóctel acaba siendo cuando menos, difícil de digerir.
Mientras tanto .... 2014 llegó.... veremos si al final podemos decir que ..... venció
domingo, 15 de diciembre de 2013
Posiblemente
Posiblemente esta sea mi última entrada del 2013. Volveré en el 2014, cuando otra nueva Navidad haya culminado. Me harto de decir que es la época que menos me gusta. No son buenos los recuerdos que acumulo de un tiempo que siempre se me ha dado mal. Quizá el peor recuerdo lo sitúo en el 2009. A partir de ahí ninguna ha sido buena. Las ha habido regulares, como la anterior, pero buenas, buenas ninguna.
Esta, la que se aproxima, se adivina muy parecida a aquella fatídica, al de ese 2009. Posiblemente porque es muy parecida la sensación que me recorre el cuerpo y sobre todo, el alma a ese 2009. Los hechos que desencadenaron el desastre son del todo similares a los que llevan ocurriendo este tercer y último trimestre de otro año que nos abandona.
Volveré, seguro, en el 2014. Con otro talante, espero. Con más fuerzas, deseo. Con alguna novedad, merezco.
Esta, la que se aproxima, se adivina muy parecida a aquella fatídica, al de ese 2009. Posiblemente porque es muy parecida la sensación que me recorre el cuerpo y sobre todo, el alma a ese 2009. Los hechos que desencadenaron el desastre son del todo similares a los que llevan ocurriendo este tercer y último trimestre de otro año que nos abandona.
Volveré, seguro, en el 2014. Con otro talante, espero. Con más fuerzas, deseo. Con alguna novedad, merezco.
sábado, 16 de noviembre de 2013
Embestidas
Ayer bajaban las temperaturas de golpe. Dicen los expertos que el cuerpo necesita un espacio de tiempo para adaptarse a este tipo de embestidas y que en este caso, no lo ha habido. Por eso notamos más el frío, porque el cuerpo todavía no está adaptado.
Sin embargo, para mi, este tipo de cambios bruscos me llenan de esperanza. Porque me hacen reflexionar sobre lo que aparece de golpe y sin dar explicaciones, te congela por dentro. Todo ello sin concederte un minuto para la adaptación. Por eso, esta tiene que estar dispuesta para que cuando llegue, entre en una cauta simbiosis con el cambio. Entonces lo que en un primer momento parecía que iba a ser dramático se transforma en un tránsito meramente convencional. De este modo, el golpe no resulta tan fortutito como se esperaba y la vida continúa en perfecta armonía.
Sin embargo, para mi, este tipo de cambios bruscos me llenan de esperanza. Porque me hacen reflexionar sobre lo que aparece de golpe y sin dar explicaciones, te congela por dentro. Todo ello sin concederte un minuto para la adaptación. Por eso, esta tiene que estar dispuesta para que cuando llegue, entre en una cauta simbiosis con el cambio. Entonces lo que en un primer momento parecía que iba a ser dramático se transforma en un tránsito meramente convencional. De este modo, el golpe no resulta tan fortutito como se esperaba y la vida continúa en perfecta armonía.
domingo, 10 de noviembre de 2013
Remedios
"Suelo no desear muy fuerte los deseos, aunque tengo deseos". Esta frase la escuchaba esta mañana en boca de Álvaro Pombo y me hacía pensar en que esa sea quizá la fórmula para no sentir tanta ansiedad cuando no llega lo que deseas: desearlo con mayor debilidad, con más flojera, con menos interés. Todo para que la decepción sea amortiguada antes del golpe que la espera.
No dejo de buscar remedios útiles ante el paso del tiempo en silencio. Dejé de buscar respuestas porque me llevaban a encrucijadas difíciles de superar y porque el dolor era inaguantable. Ahora quiero remedios. Me es igual si son caseros, alternativos o químicos. Lo que necesito es que funcionen.
Este va a ser el primero que pruebe: continuar deseando deseos pero hacerlo con menor intensidad. Probaré si funciona y si es así, lo recomendaré. Palabra que lo haré.
No dejo de buscar remedios útiles ante el paso del tiempo en silencio. Dejé de buscar respuestas porque me llevaban a encrucijadas difíciles de superar y porque el dolor era inaguantable. Ahora quiero remedios. Me es igual si son caseros, alternativos o químicos. Lo que necesito es que funcionen.
Este va a ser el primero que pruebe: continuar deseando deseos pero hacerlo con menor intensidad. Probaré si funciona y si es así, lo recomendaré. Palabra que lo haré.
domingo, 13 de octubre de 2013
Callejón
Dicen que cuando mirando hacia todos los lados, sigues sin ver la salida, debes dejar de buscar y poner las decisiones en manos del destino.
Sucede cuando ante varias posibilidades, tu mente fabrica varias soluciones pero cuando llega la hora de la verdad, nada se cumple, a excepción de aquello de lo que huías.... la incertidumbre.
Y entonces toca lo de siempre... esperar. Esta vez, en un callejón con una única salida, precisamente la que vislumbraste cuando hace un año te embarcabas en algo que sabías que acabaría como está a punto de hacerlo.
Mientras tanto, el alma se rompe, pero siempre de manera silenciosa, por eso, utiliza al cuerpo para que dé las señales oportunas: primero, sufre el estómago, porque se niega a digerir, después los mismísimos ovarios te recuerdan que una nueva decepción ya es imparable y por último, la garganta, dolor provocado por el miedo a decir lo que piensas, cada vez que consideraste que debías haberlo hecho, pero no lo hiciste. Callar fue el principio del fin. Un fin que se acerca. Un dolor que acecha sin detenerse a escuchar.
Sucede cuando ante varias posibilidades, tu mente fabrica varias soluciones pero cuando llega la hora de la verdad, nada se cumple, a excepción de aquello de lo que huías.... la incertidumbre.
Y entonces toca lo de siempre... esperar. Esta vez, en un callejón con una única salida, precisamente la que vislumbraste cuando hace un año te embarcabas en algo que sabías que acabaría como está a punto de hacerlo.
Mientras tanto, el alma se rompe, pero siempre de manera silenciosa, por eso, utiliza al cuerpo para que dé las señales oportunas: primero, sufre el estómago, porque se niega a digerir, después los mismísimos ovarios te recuerdan que una nueva decepción ya es imparable y por último, la garganta, dolor provocado por el miedo a decir lo que piensas, cada vez que consideraste que debías haberlo hecho, pero no lo hiciste. Callar fue el principio del fin. Un fin que se acerca. Un dolor que acecha sin detenerse a escuchar.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)