Los cambios que suceden poquito a poco son los que se quedan para siempre. Lo intuyo. Los cambios radicales siempre acaban mal. Lo experimento. Para adaptarse, los peores son los primeros porque en el caso de los segundos ni tiempo te da hacerlo.
A la gente suele ocurrirle lo primero y a mi lo segundo. Me gustaría que alguien me enseñara a no tomar decisiones tan racionales, a no ponerle tanta mente a la vida, a dejar que suceda y a pensar en lo que me viene bien a mi antes que al otro, a las circunstancias y sobre todo a no buscar excusas para decir no antes que un tal vez, a abrir una ventana antes de cerrar la puerta.
No conseguir aprender esto, conlleva la peor de las consecuencias: estar siempre volviendo al mismo lugar, estar instalado en el modo DeVuelta. Un lugar en el que debe ser que me siento cómoda porque cuando estoy a un paso de dejarlo atrás, la razón me autoempuja a volver al lugar que tan solo abandoné por unas horas, unos días, o en el mejor de los casos, unas semanas. Como ahora mismo: Aquí estoy otra vez, DeVuleta.
sábado, 4 de octubre de 2014
viernes, 1 de agosto de 2014
Agosto
365 días esperando este día. Y por fín, llegó. Por delante, un mes variado, la mayor parte de él en otro lugar, con otra gente y en otro idioma. Detrás, meses de madrugones, últimamente imposibles de soportar, y de angustias también variadas.
Desconexión necesaria aunque este año sinceramente, demasiado radical. El momento en el que lo decidí fue uno de los peores del primer semestre del año. De ahí la radicalidad de la decisión.
Sin marcha atrás, prefiero plantearme los veinte días que estaré fuera, muy fuera de mi entorno, como un reto más por cumplir; veremos si a la vuelta, se trata de un reto más, cumplido.
Por desear... comodidad, aprendizaje sin mucho coste intelectual y descanso. Para comprobarlo, no queda otra que ir haciendo la maleta sin olvidarme de colocar entre la ropa, varios kilos de coraje y entre los zapatos, varios gramos de felicidad, y así ir vestida por fuera como me gustaría estar por dentro.
Desconexión necesaria aunque este año sinceramente, demasiado radical. El momento en el que lo decidí fue uno de los peores del primer semestre del año. De ahí la radicalidad de la decisión.
Sin marcha atrás, prefiero plantearme los veinte días que estaré fuera, muy fuera de mi entorno, como un reto más por cumplir; veremos si a la vuelta, se trata de un reto más, cumplido.
Por desear... comodidad, aprendizaje sin mucho coste intelectual y descanso. Para comprobarlo, no queda otra que ir haciendo la maleta sin olvidarme de colocar entre la ropa, varios kilos de coraje y entre los zapatos, varios gramos de felicidad, y así ir vestida por fuera como me gustaría estar por dentro.
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domingo, 22 de junio de 2014
Ganas
Tengo ganas de que lo que parezca, sea. Ganas de que lo que viene, se quede. Y de que lo que no sirve, ni siquiera llegue.
Tengo ganas de que el tiempo pague mis sacrificios. Ganas de que el silencio se vengue con alegría. Y de que la vida me devuelva, eso mismo, vida.
Tengo ganas de que un día sea el día. Ganas de que las horas sean algo más que minutos estresantes. Y de que un segundo sea el segundo de mi vida.
Tengo ganas de que no me dejen cerrar las puertas. Ganas de que las ventanas se abran solas. Y de que el viento entre con oxígeno nuevo y limpio.
Tengo ganas de que pase lo que tenga que pasar. Ganas de que al pasar fortalezca lo poco o mucho que queda. Y de que lo constante sea lo bueno y sobre todo que lo bueno nunca se vaya.
Tengo ganas de que el tiempo pague mis sacrificios. Ganas de que el silencio se vengue con alegría. Y de que la vida me devuelva, eso mismo, vida.
Tengo ganas de que un día sea el día. Ganas de que las horas sean algo más que minutos estresantes. Y de que un segundo sea el segundo de mi vida.
Tengo ganas de que no me dejen cerrar las puertas. Ganas de que las ventanas se abran solas. Y de que el viento entre con oxígeno nuevo y limpio.
Tengo ganas de que pase lo que tenga que pasar. Ganas de que al pasar fortalezca lo poco o mucho que queda. Y de que lo constante sea lo bueno y sobre todo que lo bueno nunca se vaya.
domingo, 18 de mayo de 2014
Resurrección
Siempre digo que el momento peor de una crisis personal tiene lugar cuando no se acaba de bajar a los infiernos. Cuando sientes el calor, el olor, el fuego, pero no acabas de profundizar en sus entrañas. Evitarlo no es más que aumentar la agonía. Ahí es cuando necesitas la ayuda de alguien que te empuje definitivamente con una mano y te ofrezca la otra para alcanzar el primer escalón hacia la luz.
No se debe tener miedo al agujero por muy oscuro que esté. Porque solo siendo consciente de encontrarte allí, serás capaz de dar tus primeros pasos hacia la vida. Se trata de una resurrección en toda regla. Morir a trocitos para componerse mientras se desea vivir con más fuerzas que nunca.
A esto solo enseña las duras decisiones, las incómodas experiencias, la verdad y el conocimiento. Todo lo demás es posponer la caída, la llegada al infierno y por lo tanto, retrasar la resurrección.
No se debe tener miedo al agujero por muy oscuro que esté. Porque solo siendo consciente de encontrarte allí, serás capaz de dar tus primeros pasos hacia la vida. Se trata de una resurrección en toda regla. Morir a trocitos para componerse mientras se desea vivir con más fuerzas que nunca.
A esto solo enseña las duras decisiones, las incómodas experiencias, la verdad y el conocimiento. Todo lo demás es posponer la caída, la llegada al infierno y por lo tanto, retrasar la resurrección.
domingo, 20 de abril de 2014
Precio
Como si de una premonición se tratara, el anterior post anunciaba el posible precio a pagar ante el último riesgo corrido. Pues bien, en esa etapa nos encontramos.
No por anunciado, ni siquiera por esperado, está siendo menos doloroso. Todo lo contrario. La culpa no deja de hacer de las suyas preguntándome si debí pararlo antes de dejar que sucediera, si debí actuar de la manera contraria a la que lo hice y sobre todo por qué vuelve a repetirse una y otra vez la misma historia breve en mi vida.
Harta de escuchar la cantinela de siempre con el estribillo pegadizo 'todo pasa por algo', cuando no queda más remedio que estallar, hay que dejarse llevar y hacerlo, aunque pille en plena Semana Santa.
Hoy acaba, me refiero a la Semana Santa. A lo otro, por la experiencia que sin yo quererlo me persigue, le queda mucho por llorar.
No por anunciado, ni siquiera por esperado, está siendo menos doloroso. Todo lo contrario. La culpa no deja de hacer de las suyas preguntándome si debí pararlo antes de dejar que sucediera, si debí actuar de la manera contraria a la que lo hice y sobre todo por qué vuelve a repetirse una y otra vez la misma historia breve en mi vida.
Harta de escuchar la cantinela de siempre con el estribillo pegadizo 'todo pasa por algo', cuando no queda más remedio que estallar, hay que dejarse llevar y hacerlo, aunque pille en plena Semana Santa.
Hoy acaba, me refiero a la Semana Santa. A lo otro, por la experiencia que sin yo quererlo me persigue, le queda mucho por llorar.
domingo, 30 de marzo de 2014
Riesgos
Me doy cuenta de que estoy al límite cuando necesito reprogramarme. Lo llamo así porque se trata de probar de nuevo tanto mis aptitudes como mis actitudes. La última vez que lo hice fue el sábado pasado. El único problema fue que no calculé del todo bien los riesgos. Quizá me concentré demasiado en la obtención de resultados positivos. Me obsesioné y los riesgos comenzaron a tomar forma de peligro al día siguiente.
Casi inimaginable pero real. Ahora bien el presente, tal y como yo quería, cambió. Sin embargo, aún no está calculado el precio. Soy consciente no solo de que lo estoy pagando sino que además la cuenta será costosa de saldar.
A mes y medio de una desgracia de ese tamaño, cualquier cosa puede suceder. La reprogramación se puso en marcha el sábado pasado. Valorados los riesgos. Asumiré el precio a pagar. Ni más ni menos.
Casi inimaginable pero real. Ahora bien el presente, tal y como yo quería, cambió. Sin embargo, aún no está calculado el precio. Soy consciente no solo de que lo estoy pagando sino que además la cuenta será costosa de saldar.
A mes y medio de una desgracia de ese tamaño, cualquier cosa puede suceder. La reprogramación se puso en marcha el sábado pasado. Valorados los riesgos. Asumiré el precio a pagar. Ni más ni menos.
domingo, 23 de febrero de 2014
Medioabierto
Hay semanas que de largas parecen eternas, días que parecen estirarse hasta el infinito y horas que juraría que sobrepasan con mucho los sesenta segundos que siempre nos han vendido. Todo lo anterior se cuadruplica cuando tu presente sin saber por qué empeora.
Me refiero a esas ocasiones en las que tu actitud es la de 'a mi que me registren' mientras que tu mundo es avasallado desde cualquier flanco. Ni tiempo te da a recuperarte, sobre todo, porque hay una continua sensación de hacer las cosas mal sin ser consciente del proceso pero sí y mucho del resultado.
Si hacemos caso a aquello de que 'de todo se aprende', el relax se hace hueco a tanto bloqueo irracional. Eso sí, siempre con el ojo medioabierto por si de nuevo vengan dando no vaya a ser que de nuevo te pille 'con el pie cambiado'.
Me refiero a esas ocasiones en las que tu actitud es la de 'a mi que me registren' mientras que tu mundo es avasallado desde cualquier flanco. Ni tiempo te da a recuperarte, sobre todo, porque hay una continua sensación de hacer las cosas mal sin ser consciente del proceso pero sí y mucho del resultado.
Si hacemos caso a aquello de que 'de todo se aprende', el relax se hace hueco a tanto bloqueo irracional. Eso sí, siempre con el ojo medioabierto por si de nuevo vengan dando no vaya a ser que de nuevo te pille 'con el pie cambiado'.
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