De vuelta. Tras la ausencia navideña. De vuelta. En un nuevo año. De vuelta. Con un propósito en la mente y otro en el corazón. Veremos cual de ellos se cumple primero. Veremos si realmente alguno de ellos se cumple.
Para los felices, la Navidad es lo más. Para mi, la navidad es tal y como la escribo, en minúscula. Me alegra haberla sobrevivido sin otro problema que el de que pasaran los días festivos lo antes posible y que de nuevo la rutina se instalara en las almas inquietas. Como preferir, prefiero el fin de semana sin más. Las grandes cosas de mi vida llegaron en fines de semana simples, casi siempre invernales, en lugares tópicos, sin extridencias, muy poco a poco.
Nunca me pasó nada especial en Nochevieja ni tampoco en Reyes. Sin embargo, los meses sin sal, los que poco dicen al resto del mundo, como febrero o marzo me trajeron presentes inolvidables aunque en breve se convirtieran en pasados desgarradores.
Debe ser que por eso me vengo arriba cuando pasan fiestas como la navidad, así, en minúscula. Debe ser que por eso me hago propósitos, aunque sean difíciles de cumplir, porque no solo dependen de mi, sino de otro y de sus circunstancias.
sábado, 7 de enero de 2012
domingo, 18 de diciembre de 2011
Adrenalina
Si de algo sigo a estas alturas convencida es de lo recomendable que es no tener expectativas. Suele pasar que de repente, todo se transforma y lo no buscado es encontrado y de la mejor manera posible. Y es entonces cuando no me queda más remedio que laurear a lo imprevisible por todo cuanto sostiene de sorpresa y divertimento.
Anoche fue un ejemplo de ello... Lo que en principio se esperaba fue superado por lo que al final tomamos y recibimos.
Tras decidir en el coche hacia donde nos dirigiríamos, la elección no pudo ser más acertada. Aunque sigo pensando que algo tuvo que ver no tener expectativas. Porque las cosas fluyen independientemente de tus planes y proporcionalmente a lo que te conviene, aunque en ocasiones, cueste asimilarlo.
Quizá por eso, por la inyección de adrenalina que supuso la noche de ayer, veo la proximidad de la Navidad de manera diferente, más optimista, menos tediosa, con más ilusión y menos decepción. Pero qué digo... ¿no habíamos quedado en que el mejor camino era el de NO expectar???? Pues eso... a no expectar.
Anoche fue un ejemplo de ello... Lo que en principio se esperaba fue superado por lo que al final tomamos y recibimos.
Tras decidir en el coche hacia donde nos dirigiríamos, la elección no pudo ser más acertada. Aunque sigo pensando que algo tuvo que ver no tener expectativas. Porque las cosas fluyen independientemente de tus planes y proporcionalmente a lo que te conviene, aunque en ocasiones, cueste asimilarlo.
Quizá por eso, por la inyección de adrenalina que supuso la noche de ayer, veo la proximidad de la Navidad de manera diferente, más optimista, menos tediosa, con más ilusión y menos decepción. Pero qué digo... ¿no habíamos quedado en que el mejor camino era el de NO expectar???? Pues eso... a no expectar.
sábado, 10 de diciembre de 2011
Mercurio
Por lo visto, es culpa de Mercurio. La afluencia de conflictos en esta época del año es culpa de otro planeta. Todavía recuerdo las malas jornadas que pasé el año 2010 por el dichoso Sarturno y ahora resulta que despediremos el 2011 con Mercurio frente a signos como el mio. Los efectos se han dejado notar y mucho durante todo este mes, que apenas comenzamos hace una semana. Conflictos varios y de variados motivos me han tenido y previsiblemente me tendrán, alterada, los próximos días.
Si difícil es encontrarse con el destino cada amanecer, la historia parece complicarse cuando tienes a Mercurio frente a tu signo. Es entonces en el momento que cualquier conflicto puede suceder, de mayor o menor grado, pero conflicto al fin y al cabo.
En esas estábamos esta semana cuando me pregunté que era lo que podía suceder ante tanta discusión a mi alrededor, ante tanta tensión imposible de disimular, ante tanto colapso inmediato e imprevisible. Lejos de la casualidad, los astros siempre tienen la respuesta. Y con su respuesta, llega la calma, al menos, hasta el próximo conflicto.
Si difícil es encontrarse con el destino cada amanecer, la historia parece complicarse cuando tienes a Mercurio frente a tu signo. Es entonces en el momento que cualquier conflicto puede suceder, de mayor o menor grado, pero conflicto al fin y al cabo.
En esas estábamos esta semana cuando me pregunté que era lo que podía suceder ante tanta discusión a mi alrededor, ante tanta tensión imposible de disimular, ante tanto colapso inmediato e imprevisible. Lejos de la casualidad, los astros siempre tienen la respuesta. Y con su respuesta, llega la calma, al menos, hasta el próximo conflicto.
domingo, 4 de diciembre de 2011
Desesperanza
Mis amigas están de acuerdo en no poder con la incertidumbre. Para acabar con ella, las he visto hacer multitud de locuras. Sinceramente, creo que hay algo peor: la desesperanza. Creo que el momento en que eres consciente del agotamiento de las esperanzas es peor que el sufrimiento por vivir durante un tiempo en la incertidumbre.
El por qué está claro: tras la desesperanza no hay más. Ese es el final, un final por cierto, desastroso e incluso, en ocasiones, humillante. Tras la incertidumbre, cabe aunque sea, un rayo de esperanza, un 1 % de posibilidades, una pizca de ilusión... La desesperanza es el no con mayúsculas, es el nunca jamás, es el imposible que suceda.
Estoy convencida de que la incertidumbre puede mutar en algo positivo mientras que la desesperanza nunca lo hará. Cuando llega no queda más que dejarse cubrir por ella, entreabrir los ojos para intentar mirar hacia adelante, y acostumbrarse a llevar una piedra más en los bolsillos, pero aún con esas, no queda más remedio que seguir hacia adelante, pese a que a veces, una prefiera quedarse donde está por miedo a que la combinación del peso y el movimiento rompa de una vez por todas los malditos bolsillos.
El por qué está claro: tras la desesperanza no hay más. Ese es el final, un final por cierto, desastroso e incluso, en ocasiones, humillante. Tras la incertidumbre, cabe aunque sea, un rayo de esperanza, un 1 % de posibilidades, una pizca de ilusión... La desesperanza es el no con mayúsculas, es el nunca jamás, es el imposible que suceda.
Estoy convencida de que la incertidumbre puede mutar en algo positivo mientras que la desesperanza nunca lo hará. Cuando llega no queda más que dejarse cubrir por ella, entreabrir los ojos para intentar mirar hacia adelante, y acostumbrarse a llevar una piedra más en los bolsillos, pero aún con esas, no queda más remedio que seguir hacia adelante, pese a que a veces, una prefiera quedarse donde está por miedo a que la combinación del peso y el movimiento rompa de una vez por todas los malditos bolsillos.
Etiquetas:
desesperanza,
esperanza,
ilusión,
incertidumbre
sábado, 26 de noviembre de 2011
Clavos
No he sido nunca de las que se 'agarran a un clavo ardiendo', por mucho que yo misma me lo haya recomendado. No me gusta. Me suele quemar con tan solo mirarlo. Debe ser que por eso esquivo oportunidades, incluso buenas oportunidades... Porque las veo disfrazadas de 'clavos ardiendo' y eso me incomoda tanto que me hace salir corriendo. Y luego reflexiono y me autocastigo por no haberme sugestionado lo suficiente como para profundizar en lo verdadero y olvidarme de mis primeras impresiones.
Sin embargo, a la semana siguiente ni lo recuerdo. Casi, casi que lo contrario: siento alivio. Justamente esta reacción es la que me dice que no me equivoqué al salir corriendo, por muchos kilómetros que lleve ya hechos.
A mi lo que me gustaría es que al conocer a alguien se abriera un abanico de opciones tipo dvd, en la que pudieras dar al pause durante algunos días, esos que necesitas irremediablemente para decidir si vuelves a cliquear al play o al stop. Es una pena que no sea así, sino que cuando comienzas a conocer a alguien solo hay dos opciones posibles: play o stop. Entonces, si das al primero, muchas veces te topas con la duda, mientras que si optas por el segundo te topas con tu conciencia, que no sé si es peor que un clavo ardiendo...
Sin embargo, a la semana siguiente ni lo recuerdo. Casi, casi que lo contrario: siento alivio. Justamente esta reacción es la que me dice que no me equivoqué al salir corriendo, por muchos kilómetros que lleve ya hechos.
A mi lo que me gustaría es que al conocer a alguien se abriera un abanico de opciones tipo dvd, en la que pudieras dar al pause durante algunos días, esos que necesitas irremediablemente para decidir si vuelves a cliquear al play o al stop. Es una pena que no sea así, sino que cuando comienzas a conocer a alguien solo hay dos opciones posibles: play o stop. Entonces, si das al primero, muchas veces te topas con la duda, mientras que si optas por el segundo te topas con tu conciencia, que no sé si es peor que un clavo ardiendo...
Etiquetas:
clavos,
impresionada,
pause,
play,
profundizar,
quemar,
stop
sábado, 19 de noviembre de 2011
Noviembre
Ocurre que este mes siempre me ha traído más disgustos que alegrías. Ocurre que no me gustan los meses que durante el año se me hacen tan largos como este. Y me gustaría que en algún momento esta rutina se rompiera y de pronto noviembre me recordara todo lo contrario.
Hasta que ese momento llegue, no puedo hacer otra cosa que resignarme y contar los días que quedan para terminar los treinta correspondientes al penúltimo mes del año. Concretamente: once. Mañana estaremos en la cuenta atrás.
El mismo día en el que hace dos años unas letras digitales me devolvían a la realidad, a la cruda realidad. La rabia de pasar de nuevo por lo mismo me empujó a escribir cada una de las palabras con las que ponía punto y final a algo difícil de explicar aunque, por desgracia, insuperable de sentir.
A partir de ese momento, la oscuridad más absoluta. Meses después, la resilencia me ayudaría a resucitar y a seguir caminando hacia otros noviembres, iguales en su longitud pero diferentes en su espesor, para ¿bien?.
Hasta que ese momento llegue, no puedo hacer otra cosa que resignarme y contar los días que quedan para terminar los treinta correspondientes al penúltimo mes del año. Concretamente: once. Mañana estaremos en la cuenta atrás.
El mismo día en el que hace dos años unas letras digitales me devolvían a la realidad, a la cruda realidad. La rabia de pasar de nuevo por lo mismo me empujó a escribir cada una de las palabras con las que ponía punto y final a algo difícil de explicar aunque, por desgracia, insuperable de sentir.
A partir de ese momento, la oscuridad más absoluta. Meses después, la resilencia me ayudaría a resucitar y a seguir caminando hacia otros noviembres, iguales en su longitud pero diferentes en su espesor, para ¿bien?.
domingo, 6 de noviembre de 2011
Tiempo
Conforme pasan los días, se acomodan las ideas, los bloqueos se disipan y las buenas intenciones ganan terreno a los prejuicios. Pero ya es tarde. La reacción a tiempo siempre ha sido uno de mis talones de aquiles. Necesito tiempo para poner en orden las ideas, desbloquear salidas y eliminar prejuicios. A lo mejor es simplemente cuestión de unas horas, como me pasó al despertar el sábado, pero las necesito.
El tiempo, tan necesario en muchas otras ocasiones, en esta se convierte en enemigo, porque para cuando yo estoy lista para seguir hacia adelante, no hay posibilidades de hacerlo, pues me salí del camino sin yo quererlo del todo.
Entonces, vuelvo a estar como antes. Como si no hubiera pasado nada. Como si no hubiera conocido a nadie o nadie me hubiera conocido a mi.
Durante el siguiente día, todavía quedan esperanzas. Pero son simplemente eso, esperanzas, porque conforme pasan los días, vuelve a no pasar nada, la señal más evidente de lo que pudo pasar y no pasó porque yo necesité tiempo.
El tiempo, tan necesario en muchas otras ocasiones, en esta se convierte en enemigo, porque para cuando yo estoy lista para seguir hacia adelante, no hay posibilidades de hacerlo, pues me salí del camino sin yo quererlo del todo.
Entonces, vuelvo a estar como antes. Como si no hubiera pasado nada. Como si no hubiera conocido a nadie o nadie me hubiera conocido a mi.
Durante el siguiente día, todavía quedan esperanzas. Pero son simplemente eso, esperanzas, porque conforme pasan los días, vuelve a no pasar nada, la señal más evidente de lo que pudo pasar y no pasó porque yo necesité tiempo.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)