sábado, 21 de enero de 2012

Cómputo

Tuve una conversación reveladora a mitad de esta semana. Alguien me dijo que es importante conocer el cómputo de la felicidad a la que debes aspirar. Que supone ser el resultado de la suma de momentos felices de tu vida, al margen de intensidades y de decepciones. Según el punto de vista de mi interlocutor, vivir un momento feliz por muy intenso que sea si supone una consecuencia parecida a la retahíla de siete noches en un mar de lágrimas, no merece la pena. El cómputo da negativo. Sin embargo, vivir un momento feliz en formato lineal con posibilidad de que se prolongue en el tiempo es lo correcto. Computa como válido en su original barómetro happy.
Su perspectiva me convenció hasta el punto de sentirme de nuevo orgullosa de las decisiones tomadas, sobre todo de aquellas en las que el 'no quiero esto' ha pesado durante días como una auténtica losa en mi cabeza. Ese 'no quiero esto' era la única puerta disponible hacia la felicidad que computa. Virar hacia el 'se que no quiero esto pero no me atrevo' hubiera significado la descalificación y por tanto la invalidez para computar en este termómetro vital sobre la felicidad vivida y por qué no decirlo, también merecida.

domingo, 15 de enero de 2012

Vértigo

Hay una sensación que se me repite todos los domingos: vértigo. Es igual que sea un mes que otro. Mi tiempo lo mido en semanas e independientemente de cómo las termine, el domingo es para mí igual a vértigo. Me sucede incluso en esta etapa de mi vida en la que parece que reina el estancamiento. No avanzar no significa en cualquier caso no evolucionar, me digo sin cesar pese a que cueste mucho más mirar hacia adelante de lo que me cuesta mirar hacia detrás. Será por lo desconocido, pero sobre todo por el vértigo. De pronto, la mente se bloquea, el corazón se acelera porque el peligro acecha, uno de los muchos a temer, aquel del que solo se sobrevive: el estancamiento. Y si este es el tope. Y si no hay más desarrollo vital. Y si esto es a lo que he venido. Y si pudo ser y como no fue, este es mi merecido. Vértigo. Vértigo entonces, por una situación conocida, vivida en modo consciente y justo por eso, temida.
Pero no queda otra, los minutos aunque lentos, pasan lo mismo en domingo que en cualquier otro día. Casi nada de tiempo para prepararse ante lo que vendrá. Lástima que las cartas estén ya repartidas...

sábado, 14 de enero de 2012

Dignidad

No sé si tiene algo que ver con el libro que estoy leyendo, La lucha por la dignidad, pero llevo toda la semana topándome con este concepto. Me lo encuentro en la televisión, en internet, en la prensa escrita, en el cine, etc. Es como si detrás de este hecho hubiera una intención, la de dignificarla -nunca mejor dicho-, como si hubiera estado hibernando y fuera el momento de despertarla.
Quizá ese sería el remedio de alguno de nuestros males. Ahora que todo parece desmoronarse a nuestro alrededor y que lo material deja de tener valor día tras día, parece que lo más razonable sea dignificar la dignidad. Situarla en el lugar que merece, no muy alto pero tampoco en el suelo, tal vez su lugar esté más cercano a nuestra altura moral de lo que nos parece.
Conforme lo vanal es relegado a su origen, lo moral renace reconstruido de sus cenizas para colocarse entre el cerebro y el corazón, próximo a la garganta, con el objetivo de ser el juez de aquello que finalmente debemos digerir, no sin antes decidir... tragar o vomitar.

sábado, 7 de enero de 2012

Propósitos

De vuelta. Tras la ausencia navideña. De vuelta. En un nuevo año. De vuelta. Con un propósito en la mente y otro en el corazón. Veremos cual de ellos se cumple primero. Veremos si realmente alguno de ellos se cumple.
Para los felices, la Navidad es lo más. Para mi, la navidad es tal y como la escribo, en minúscula. Me alegra haberla sobrevivido sin otro problema que el de que pasaran los días festivos lo antes posible y que de nuevo la rutina se instalara en las almas inquietas. Como preferir, prefiero el fin de semana sin más. Las grandes cosas de mi vida llegaron en fines de semana simples, casi siempre invernales, en lugares tópicos, sin extridencias, muy poco a poco.
Nunca me pasó nada especial en Nochevieja ni tampoco en Reyes. Sin embargo, los meses sin sal, los que poco dicen al resto del mundo, como febrero o marzo me trajeron presentes inolvidables aunque en breve se convirtieran en pasados desgarradores.
Debe ser que por eso me vengo arriba cuando pasan fiestas como la navidad, así, en minúscula. Debe ser que por eso me hago propósitos, aunque sean difíciles de cumplir, porque no solo dependen de mi, sino de otro y de sus circunstancias.

domingo, 18 de diciembre de 2011

Adrenalina

Si de algo sigo a estas alturas convencida es de lo recomendable que es no tener expectativas. Suele pasar que de repente, todo se transforma y lo no buscado es encontrado y de la mejor manera posible. Y es entonces cuando no me queda más remedio que laurear a lo imprevisible por todo cuanto sostiene de sorpresa y divertimento.
Anoche fue un ejemplo de ello... Lo que en principio se esperaba fue superado por lo que al final tomamos y recibimos.
Tras decidir en el coche hacia donde nos dirigiríamos, la elección no pudo ser más acertada. Aunque sigo pensando que algo tuvo que ver no tener expectativas. Porque las cosas fluyen independientemente de tus planes y proporcionalmente a lo que te conviene, aunque en ocasiones, cueste asimilarlo.
Quizá por eso, por la inyección de adrenalina que supuso la noche de ayer, veo la proximidad de la Navidad de manera diferente, más optimista, menos tediosa, con más ilusión y menos decepción. Pero qué digo... ¿no habíamos quedado en que el mejor camino era el de NO expectar???? Pues eso... a no expectar.

sábado, 10 de diciembre de 2011

Mercurio

Por lo visto, es culpa de Mercurio. La afluencia de conflictos en esta época del año es culpa de otro planeta. Todavía recuerdo las malas jornadas que pasé el año 2010 por el dichoso Sarturno y ahora resulta que despediremos el 2011 con Mercurio frente a signos como el mio. Los efectos se han dejado notar y mucho durante todo este mes, que apenas comenzamos hace una semana. Conflictos varios y de variados motivos me han tenido y previsiblemente me tendrán, alterada, los próximos días.
Si difícil es encontrarse con el destino cada amanecer, la historia parece complicarse cuando tienes a Mercurio frente a tu signo. Es entonces en el momento que cualquier conflicto puede suceder, de mayor o menor grado, pero conflicto al fin y al cabo.
En esas estábamos esta semana cuando me pregunté que era lo que podía suceder ante tanta discusión a mi alrededor, ante tanta tensión imposible de disimular, ante tanto colapso inmediato e imprevisible. Lejos de la casualidad, los astros siempre tienen la respuesta. Y con su respuesta, llega la calma, al menos, hasta el próximo conflicto.

domingo, 4 de diciembre de 2011

Desesperanza

Mis amigas están de acuerdo en no poder con la incertidumbre. Para acabar con ella, las he visto hacer multitud de locuras. Sinceramente, creo que hay algo peor: la desesperanza. Creo que el momento en que eres consciente del agotamiento de las esperanzas es peor que el sufrimiento por vivir durante un tiempo en la incertidumbre.
El por qué está claro: tras la desesperanza no hay más. Ese es el final, un final por cierto, desastroso e incluso, en ocasiones, humillante. Tras la incertidumbre, cabe aunque sea, un rayo de esperanza, un 1 % de posibilidades, una pizca de ilusión... La desesperanza es el no con mayúsculas, es el nunca jamás, es el imposible que suceda.
Estoy convencida de que la incertidumbre puede mutar en algo positivo mientras que la desesperanza nunca lo hará. Cuando llega no queda más que dejarse cubrir por ella, entreabrir los ojos para intentar mirar hacia adelante, y acostumbrarse a llevar una piedra más en los bolsillos, pero aún con esas, no queda más remedio que seguir hacia adelante, pese a que a veces, una prefiera quedarse donde está por miedo a que la combinación del peso y el movimiento rompa de una vez por todas los malditos bolsillos.