domingo, 13 de octubre de 2013

Callejón

Dicen que cuando mirando hacia todos los lados, sigues sin ver la salida, debes dejar de buscar y poner las decisiones en manos del destino.
Sucede cuando ante varias posibilidades, tu mente fabrica varias soluciones pero cuando llega la hora de la verdad, nada se cumple, a excepción de aquello de lo que huías.... la incertidumbre.
Y entonces toca lo de siempre... esperar. Esta vez, en un callejón con una única salida, precisamente la que vislumbraste cuando hace un año te embarcabas en algo que sabías que acabaría como está a punto de hacerlo.
Mientras tanto, el alma se rompe, pero siempre de manera silenciosa, por eso, utiliza al cuerpo para que dé las señales oportunas: primero, sufre el estómago, porque se niega a digerir, después los mismísimos ovarios te recuerdan que una nueva decepción ya es imparable y por último, la garganta, dolor provocado por el  miedo a decir lo que piensas, cada vez que consideraste que debías haberlo hecho, pero no lo hiciste. Callar fue el principio del fin. Un fin que se acerca. Un dolor que acecha sin detenerse a escuchar.

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