Posiblemente esta sea mi última entrada del 2013. Volveré en el 2014, cuando otra nueva Navidad haya culminado. Me harto de decir que es la época que menos me gusta. No son buenos los recuerdos que acumulo de un tiempo que siempre se me ha dado mal. Quizá el peor recuerdo lo sitúo en el 2009. A partir de ahí ninguna ha sido buena. Las ha habido regulares, como la anterior, pero buenas, buenas ninguna.
Esta, la que se aproxima, se adivina muy parecida a aquella fatídica, al de ese 2009. Posiblemente porque es muy parecida la sensación que me recorre el cuerpo y sobre todo, el alma a ese 2009. Los hechos que desencadenaron el desastre son del todo similares a los que llevan ocurriendo este tercer y último trimestre de otro año que nos abandona.
Volveré, seguro, en el 2014. Con otro talante, espero. Con más fuerzas, deseo. Con alguna novedad, merezco.
Mostrando entradas con la etiqueta 2013. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta 2013. Mostrar todas las entradas
domingo, 15 de diciembre de 2013
sábado, 19 de enero de 2013
Y...
Me ha costado reengancharme a este 2013. No hay ilusión. Sucede cuando después de caer, te ayuda a levantarte el mismo que te tiró al suelo. Y sucede cuando lo vuelve hacer.
La segunda vez por los suelos es más difícil de digerir, más que nada porque en esta ocasión, la cabeza manda más que cuando pasó la primera vez. Y duele cuando lo vuelve hacer.
El dolor se intensifica según avanza por el interior del cuerpo, llegando a preocupar a su dueña, aún resentida por la última de sus frustraciones. Y decepciona cuando lo vuelve hacer.
Reiniciar constantemente tiene gracia cuando es algo puntual pero deja de tenerla cuando el sistema, incluso el del reinicio, comienza a fallar. Y desconsuela cuando lo vuelve hacer.
Castigarse no es la solución, aunque sea lo que apetezca. Y prefiero cuando NO lo vuelve hacer.
La segunda vez por los suelos es más difícil de digerir, más que nada porque en esta ocasión, la cabeza manda más que cuando pasó la primera vez. Y duele cuando lo vuelve hacer.
El dolor se intensifica según avanza por el interior del cuerpo, llegando a preocupar a su dueña, aún resentida por la última de sus frustraciones. Y decepciona cuando lo vuelve hacer.
Reiniciar constantemente tiene gracia cuando es algo puntual pero deja de tenerla cuando el sistema, incluso el del reinicio, comienza a fallar. Y desconsuela cuando lo vuelve hacer.
Castigarse no es la solución, aunque sea lo que apetezca. Y prefiero cuando NO lo vuelve hacer.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)