sábado, 21 de noviembre de 2009

Ellas

Anoche releí mi última entrada y supe de verdad cuanto necesitaba hacer lo que ayer hice. En quince malditos días fecundé, gesté y parí un mail en el que por fin pude vomitar todo el dolor que crecía sin parar dentro de mi. Antes de pulsar a enviar, ni siquiera pude evitar un último suspiro que inició su viaje junto con las 54 líneas más crueles de escribir y más meláncolicas de leer que he redactado en mis últimos tiempos. Si algo deseo con todas mis fuerzas es que cuando él las lea, se le escape también un suspiro y que sea en su intimidad donde al menos esos impulsos de aire y llanto concentrado se mezclen y permanezcan por siempre en los poros de su piel. Solo es un deseo, pero igual que deseé en su día que volviera y sucedió, ¿por qué no voy a intentarlo de nuevo?
También anoche, la primera noche de duelo, eso si, sin el cuerpo presente, me acompañaron las leales, aquellas que estaban eran las que yo quería que estuvieran. Reímos, lloramos, leímos, bebimos y nos acompañamos. Tanta emoción me impidió dormir en condiciones. No importa. Nada importa si ellas están conmigo hasta ahora fisica, telefonica y psicológicamente, a partir de ahora, lo sé, también virtualmente. Un beso para Nita, Marise, Yul, Beck y Nemi. Os quiero.

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