domingo, 9 de agosto de 2009

Zurdo

Me dijo que estaba cambiando el rumbo de su vida, que en lugar de salir a ligar, salía a cubrir una carencia que su grupo de amigos llevaba arrastrando algún tiempo, y era el no tener amigas. Su argumento fue para mi todo un reto. Desde el mismo momento en que pronunció este discurso, fruto por supuesto de un desamor todavía en plena ebullición, me empeñé en que deseara precisamente lo contrario de su promesa ridícula: que quisiera ligar conmigo. Muy al final de la noche, me lo confesaba, debía haberse mordido la lengua y dejar sus intenciones amistosas para cumplirlas a partir de hoy domingo. Prueba superada.
Esto fue suficiente como para llegar a mi casa, cerca de las cinco y media de la mañana casi tan contenta como una de las innumerables veces en las que facilito mi número de móvil. Volví a gustar a un zurdo, el imán para este tipo de hombres volvió a surtir efecto. Me alegro.

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